sábado, 29 de mayo de 2010

ELECCIONES A LA MEXICANA

30/mayo/2010

*De los fraudes a la legitimidad gubernamental
*Carlos Salinas, Felipe Calderón, la imposición

“La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el agua sobre el aceite”: Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616).

A los gobiernos no les gusta la crítica. Más cuando se trata de señalamientos incisivos. Pero sólo la crítica pone en su lugar a presidentes y gobernantes; a funcionarios públicos en general. Gobernar es una alta responsabilidad que se adquiere con la población de un país. Con los ciudadanos desde el momento de resultar electos en un proceso democrático. Democracia como forma de gobierno (no meramente electoral) y donde el gobernante responde al interés de los gobernados.
El asunto se distorsiona cuando no ocurre ni lo uno ni lo otro. Ni hay el compromiso, como gobierno, de atender los asuntos —las necesidades de la gente— en beneficio público cuanto se inclinan a resolver intereses específicos, por un aparte. Como tampoco se erigen autoridades con la legitimidad correspondiente; es decir, que broten de un proceso democrático completamente limpio. Por eso el asunto se complica, y los cuestionamientos a los gobernantes resultan incómodos.
En el México moderno hay elecciones cuestionadas desde José Vasconcelos, cuando un gran fraude se operó (en 1929) a favor de Pascual Ortiz Rubio, un peón del expresidente Plutarco Elías Calles (1924-1928). Unas elecciones más, otras menos. Pero así como el Partido Revolucionario Institucional se erigió — primero como PNR (1929), luego como PRM (1938), hasta quedar como PRI (en 1946)— como el gran concertador de las diversas expresiones de clase (CTM, CNC y CNOP) y políticas bajo un único control, también practicó el arrebato electoral.
Antes, Porfirio Díaz orquestó fraudes electorales continuos para permanecer durante 30 años en la silla presidencial entre 1877 y 1911. El rechazo a la reelección de Díaz encabezado por Francisco I. Madero alentó una alta participación durante su elección como Presidente y los hechos de violencia subsiguientes desataron la Revolución Mexicana de 1910.
En lo sucesivo, algunos presidentes como Carlos Salinas (1988-1994) y Felipe Calderón (2006-2012) se han apoderado de la silla presidencial bajo la sombra del fraude electoral. Pese a reformas electorales importantes como la de Jesús Reyes Heroles de 1977 que dieron apertura a todos los partidos opositores, incluidos los de izquierda (PPS, PARM, así como el tradicional opositor Partido Comunista Mexicano), la de 1986 que reforzó los mecanismos de control y la de 1989 que retira de plano la presencia del gobierno de los procesos electorales cuando se crea el Instituto Federal Electoral, los mecanismos de fraude pasaron de las viejas prácticas (embarazo de urnas, ratón loco, compra de voto, suplantación de elector, coacción, robo de urnas, adulteración de datos, etcétera) a la sofisticada y moderna estafa electrónica vía la modificación de los datos desde los centros de cómputo.
La elección de 1988 dio pie a uno de los más escandalosos fraudes en México, cuando Salinas se montó a la fuerza desde el momento en que el propio expresidente Miguel de la Madrid habría ordenado la suspensión del conteo de los votos, a sabiendas de que los datos no favorecían a Salinas.
Manuel Bartlett Díaz, como titular de Gobernación fue el responsable de declarar la “caída del sistema”, pero en todo caso operador de una ordenanza presidencial para favorecer a Salinas en contra del candidato del llamado Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien iría adelante en las preferencias del ciudadano. Las secuelas fueron cuantiosas, no sólo al interior del sistema político mexicano, la clase política misma, pero sobre todo afectó a la sociedad porque minó la confianza ciudadana en los procesos electorales.
Luego vendría la igualmente cuestionada y fraudulenta elección de Calderón, donde los cambios de tendencia gráfica mostraron comportamientos tan irregulares como fuera de toda explicación estadística y científica. El fraude se operó desde el sistema del control de datos. Tan sólo un testimonio pone al desnudo los resultados en contra de Andrés Manuel López Obrador.
“El 3 de agosto de 2006, reunidos en un seminario especial de trabajo en el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 61 investigadores y científicos de diversas disciplinas pertenecientes a 25 instituciones del país, tras analizar y discutir cuidadosamente los resultados de trece estudios realizados en México y uno en la Universidad de Cornell, Estados Unidos de Norteamérica, con base en los datos publicados por el IFE, concluyeron que en la elección de Presidente de la República del 2 de julio de 2006 hubo anomalías lo suficientemente evidentes que no permiten decir que se haya cumplido con el principio rector de certeza”. Fraude cibernético.
Las secuelas del descontento fueron —y siguen en pie— tantas, a partir de las protestas de los seguidores de Andrés Manuel. La conclusión es que en México se orquestó un evidente fraude de Estado. Es decir, que sin la complicidad de otros sectores que avalaron los resultados fraudulentos, Calderón no habría sido presidente. Los hombres del poder en México, aquellos empresarios beneficiados de las reformas económicas operadas por Salinas, son quienes no quieren ningún cambio imprevisto. Como la elección de un político procedente de un partido de izquierda, López Obrador.
Pero en los hechos, o para fines prácticos y a estas alturas, el sistema político sufre un grave deterioro porque la legitimidad cuestionada de Calderón ha impedido tomar las acciones de gobierno necesarias para restaurar la gobernabilidad. Para emprender cambios que resuelvan los principales problemas de la población, contrarrestar al menos en parte los tantos impactos generados por el modelo neoliberal aplicado durante ya más de un cuarto de siglo.
Nada. El caso es que la secuela de una elección fallida permanece. Y muy graves. El riesgo es la gobernabilidad. Al punto del Estado fallido (pese a ser una calificación que responde a fines externos, de Estados Unidos), cuando hay problemas que se desbordan como el de la inseguridad. Porque el gobierno de Calderón no ha hecho otra cosa tratar de resolverlo desdeñando el resto de la problemática nacional. Secuelas de una elección irregular. Frutos del fraude electoral. Mientras el país se descompone por elecciones a la mexicana.

Correo: maniobrasdelpoder@gmail.com

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