domingo, 23 de mayo de 2010

CALDERÓN EN ARLINGTON

24/mayo/2010

*La visita oficial, agravio a los mexicanos
*Ofrenda a tumba del soldado desconocido

“Meter mucho ruido a propósito de una oferta recibida no disminuye el dolor, sino que acrecienta la vergüenza”: Giovanni Boccaccio (1313-1375).

Regresó a México el presidente Felipe Calderón y su comitiva desde los Estados Unidos, luego de pasar por el viejo continente para asistir a la Cumbre América Latina y el Caribe con la Unión Europea (ALCUE), los días 17 y 18 pasados, con las manos vacías.
A Europa fue a ofrecer la riqueza nacional a los inversionistas españoles (a los amigos de sus amigos, de la derecha); telecomunicaciones, energía y petróleo. A EU llegó a “negociar” los problemas comunes de la relación de vecindad: el narcotráfico —fenómeno en el que se presume hay “corresponsabilidad”— y el asunto del trato xenofóbico a los inmigrantes ilegales mexicanos en ese país vecino. Dejando de lado tantos casos más que igualmente demandan atención pero son desdeñados, o ni siquiera figuran en la agenda. Sólo expuso, porque no hubo negociación. Recogió aplausos, eso sí, de los demócratas en el Congreso.
Pero ojala Calderón hubiese retornado sólo con las manos vacías. Pues no. Cargó en los hombros con un alud de ofensas para los mexicanos desde Arlington, el jueves 20. Agravios para la memoria de México. Ultrajes en contra del nacionalismo forjado en el siglo XIX por la oposición creciente a los EU. Peor tantito, Calderón fue a contracorriente de los rechazos mundialmente aceptados al Pentágono, a sus generales y tropa, por las guerras desatadas en contra de cientos de pueblos inocentes, durante todo el periodo de la segunda posguerra, la llamada Guerra Fría.
Y todavía más: por las invasiones emprendidas aún después de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Cuando EU creyó en las tesis de su ideólogo Francis Fukuyama sobre El fin de la historia, porque sintió erigirse como el amo y señor del universo. El triunfo del capitalismo-imperialismo sobre el socialismo-comunismo mundial. Se acabaron los enemigos porque terminó la bipolaridad mundial. Hasta que aparecieron los extremistas del Islam a causar el terrorismo y emergieron como los nuevos enemigos. O comenzaron a salir de su letargo las otras potencias para mostrar que el mundo no era el de EU, sino uno multipolar. Y que también cuentan, aparte de Europa, la propia Rusia, Japón y los recientes emergentes China y la India. Todos los que luchan por la hegemonía en estos tiempos de la globalización que encabeza EU.
Todavía Calderón hubiera ido solo al Cementerio Nacional de Arlington, Virginia, en Estados Unidos. Sin la investidura presidencial; sin la comitiva; sin el embajador de México en la Casa Blanca, Arturo Sarukhan. Sin el protocolo de las 21 salvas o la presencia de jerarquía del ejército, la marina o guardacostas. Sin colocar una corona de flores en el monumento de mármol del “soldado desconocido”. Como —digamos— de visita turística, no habría ningún problema porque sería una elección personal. Pero no como presidente de los mexicanos. Eso causó incluso reacciones en el mundo; y ofensas para México como Nación. Aunque, a contrapelo, los funcionarios del gobierno no lo ven así.
El acto protocolario se justificó alegando que allí habría mexicanos anónimos. ¡Claro! Pero hay mexicanos, como los enlistados en el ejército de EU, para combatir en sus filas en una intervención contra México. ¡Traidores a la patria! La invasión al país por el Puerto de Veracruz en 1914, promovida por el entonces presidente de EU, Woodrow Wilson. Así fuese en contra de Huerta (el pretexto fue el “incidente de Tampico”), porque el asunto Huerta —ese dictadorzuelo que asesinó a Madero tratando de erigirse como un Presidente legítimo— era cuestión de mexicanos resolver. De Francisco Villa, de Emiliano Zapata y, en todo caso, hasta de Venustiano Carranza resolver. Como fue. Más no de Wilson, de Alemania, Francia o cualquiera otro.
Pero en Arlington están también soldados de otras guerras perpetradas por EU contra el mundo. En un terreno de 253 hectáreas, hay 320 000 tumbas de militares y veteranos que han caído desde la Guerra Civil, hasta las más recientes guerras en Irak y Afganistán. Pasando por Somalia, Líbano, Corea del Norte, Vietnam, República Dominicana y Cuba. Hay soldados desde la Guerra de Secesión. Luego entonces, estarían todos los artífices de las invasiones del imperio en contra de los países para apoderarse de sus riquezas naturales. Porque EU ha hecho la guerra en muchas partes del mundo, en defensa de sus intereses trasnacionales e imperiales. ¡Ni qué decir de América Latina!, como lo documentó muy bien el maestro Gregorio Selser, entre otros.
Están los caídos en esas guerras, no identificados, en Arlington. Como muchos otros que sí se sabe quiénes son. Por ejemplo: el almirante Frank Friday Fletcher, comandante de la primera división de la flota del Atlántico que dirigió la invasión a Veracruz el 21 y 22 de abril de 1914. John Pershing, participó en contra de Filipinas en 1898 y fue comandante por EU en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. John Standorf Mason, cuya carrera comenzó en Tampico, durante la guerra contra México en 1848. Famosos como los Kennedy, John y su hermano Robert.
Pero hay más, como reportó desde Washington para La Jornada, David Brooks: “Este cementerio también tiene otra dimensión histórica que lo liga con la guerra contra México: fue hacienda de esclavos del general Robert E. Lee, comandante de las fuerzas del sur en la Guerra Civil. La primera guerra contra México se originó por la secesión de Texas, motivada en parte, por su deseo de legalizar la esclavitud, en contra de las leyes mexicanas. En este cementerio hay innumerables tumbas de esclavos africanos y afroestadounidenses”.
En México las reacciones no fueron pocas. Los Senadores de todos los partidos (salvo el PAN que trató de justificarlo) lo criticaron. Incluso demandaron que aclare su visita a Arlington. Debería explicar por qué fue. Porque no es equiparable a la presencia de William Clinton en el monumento a los Niños Héroes de Chapultepec. No hay comparación. En la academia, también corrió la indignación. Maestros e investigadores de la UNAM y la UAM, porque “ofenden la memoria histórica del pueblo mexicano”.
Aplausos de pie, los que le dieron los congresistas demócratas a Calderón. Eso cosechó. Porque no hubo nada de los problemas de la relación bilateral. No hay reforma migratoria. Tampoco restricción en la venta de armas a México. Esas son decisiones soberanas de EU. En cambio, la presencia de Calderón en Arlington fue un acto de traición a la patria.

Correo: maniobrasdelpoder@gmail.com

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