martes, 22 de marzo de 2011

PASCUAL, SECUELAS DE RIESGO

22/marzo/2011

*Un embajador con fines desestabilizadores
*Impuso un estilo de espionaje e intervención

A simple vista, parece como si el otrora flamante embajador de Estados Unidos en México, Carlos Pascual, saliera derrotado una vez que presentara su renuncia al presidente Barack Obama el sábado 19 y le fuera aceptada —no sin “pesar”— por Hillary Clinton, jefa del Departamento de Estado de su país, tras el affaire Wikileaks. Simples apariencias. Porque se puede decir cualquier cosa, menos que de México Pascual se va raspado.
Todo lo contrario, porque al gobierno de su país le entrega buenas cuentas. No en balde, tras la declaratoria al The Washington Post de Felipe Calderón, sobre el “no me ayudes compadre” y la desconfianza ganada a pulso hace casi tres semanas, Pascual recibió el espaldarazo de Obama [“él es nuestro embajador”] y del vocero del Departamento de Estado Philip Crowley: “Estados Unidos no tiene planes” de cambiarlo. La propia secretaria Clinton, apenas el sábado 19 alabó el trabajo del ahora exembajador Pascual; además le pidió participar en la “transición ordenada”, hasta en tanto llegue el nuevo representante de su país a México.
En el fondo, quien queda mal tras el descubrimiento del tipo de trabajo desempeñado por el exembajador Pascual es el gobierno mexicano —del Partido Acción Nacional y de Felipe Calderón—, por las secuelas todas de su trabajo como embajador dedicado al espionaje desde la propia sede diplomática, tal y como quedó al descubierto tras la publicación de los cables elaborados por él y enviados a las diversas instancias de inteligencia de su país sobre la situación política de México y revelados por Wikileaks.
Experto en Estados fallidos, las acciones de Pascual —al paso de su gestión— más tomaron el matiz de trabajar para desestabilizar a México por su intromisión en asuntos de seguridad nacional y directamente en todos los temas de la guerra contra el crimen organizado [y sus propias decisiones], que en contribuir —como él mismo dijo recién nombrado embajador en 2009—, en alentar el avance de México como un nuevo integrante del G-16 o del G-20. O como brindar el tratamiento correspondido al problema del tráfico de drogas, de armas y de dinero [nada se hizo, al menos, sobre el tema de los circuitos financieros utilizados por los carteles de las drogas] entre los dos vecinos, y las presuntas bonhomías del Plan Mérida o el tema de la cooperación en todos los temas de la relación bilateral, etcétera.
Y así, como representante de Estados Unidos, Pascual llegó a entrometerse en los asuntos internos de México en beneficio del suyo propio. Pero, ¿qué se esperaba? Por eso el saldo de su trabajo le favorece a Pascual, y a su país. Claro está que el caso Wikileake rompió todas las barreras en cuanto al tema del papel de la diplomacia gringa en otros países como México. Los asuntos abordados en los informes. Las revelaciones. Las tipificaciones de las políticas básicamente de seguridad, de los políticos específicamente del PAN, en custodia siempre de los asuntos relacionados con la seguridad nacional estadounidense, entre otras cosas que fueron descubiertas.
Clinton dijo, este sábado, que Pascual había “colaborado sin descanso con sus contrapartes mexicanas para poner los cimientos de un mercado transfronterizo de energía renovable, abrir negociaciones sobre el manejo de las reservas de petróleo y gas que abarcan territorio mexicano y estadounidense, y construir una nueva estrategia fronteriza para fomentar el comercio y detener tráficos ilícitos”. Y otras linduras. Pero, igualmente dijo Hillary, “Carlos adoptó un enfoque de ‘todo el gobierno’ para atender una de nuestras relaciones bilaterales más importantes”.
Le faltó decir a Clinton, que en su —de Pascual— política “todo gobierno” hizo hasta lo imposible por desestabilizar a México, por convertirlo en un Estado fallido, por aplicar la política del “divide y vencerás”. Pero se sobreentiende —como “al buen entendedor pocas palabras”—, que Pascual vino a México a aplicar todo lo que sabe [se le puede calificar de lo que sea menos de tonto e ignorante, porque además de capacitado es un académico], y eso incluye cualquier estrategia en contra de México. Así sea por la vía de la diplomacia; que para eso resultó espía de altos vuelos. El inverso de la historieta del Agente 007.
Baste decir que, en el contexto de la política de seguridad nacional estadounidense se inserta la llamada “seguridad hemisférica”; con todo y esta última devenga “inseguridad hemisférica”. Y que en primera instancia se impone la seguridad del imperio. Y eso tiene que ver, también en primerísimo lugar con el abastecimiento energético; petróleo y gas —no tanto las energías alternativas—. De ahí el planteamiento de la señora Clinton del tema de las reservas petroleras, no las de territorio estadounidense sino mexicano. No se olvide la incidencia, y en gran medida preferencia, de los gobiernos del PAN por la presencia de las empresas españolas como Repsol [prevalece también la identidad entre las derechas de ambos países], que de EU en cuanto a las licitaciones [entreguismo sin tapujos] desde Petróleos Mexicanos. Y a EU, claro está, eso no le conviene por fines estratégicos.
Carlos Pascual vino a apoyar la geoestrategia del imperio gringo en México. Por eso se convirtió en persona non grata. Porque fue más allá de toda promesa y de toda expectativa. Se brincó las trancas. Los cables Wikileaks lo dejaron desarmado. Nada de lo prometido en un principio resultó verdad para México. Por eso hizo bien su trabajo. Porque trabajó para EU, no para México. En eso salió librado.
En México, en cambio se quemó. Su estrategia “todo gobierno” intentó desestabilizar al país. Se entrometió en la estrategia del gobierno de Felipe Calderón en contra del crimen organizado, en asuntos tan delicados como la presencia o no del Ejército mexicano en Ciudad Juárez. Participó con todo su aparato de inteligencia en la captura o muerte de importantes capos. Generó inconformidad entre el cuerpo de inteligencia mexicano —que incluyó el favoritismo por Marina— destinado a dirigir la “guerra” de Calderón contra el crimen organizado. Operó, bajo el agua, mecanismos como el espionaje abierto al Estado mexicano desde la propia Embajada. Y no se podrá negar ahora que, bajo sus lineamientos se puso en marcha el operativo Rápido y Furioso que anegó de armas a los carteles de las drogas en México —alentar la violencia para alterar la estabilidad en los estados fronterizos con fines de intervenir militarmente—. Y se echó andar a los aviones espía en los estados fronterizos del país, en lugar de avanzar en un acuerdo sobre migración fronteriza, dizque para vigilar a los carteles de las drogas. Acciones todas en claro intervencionismo en los asuntos de seguridad nacional de México y con fines desestabilizadores. Siempre en el marco de la aplicación de una política de seguridad imperial para EU.
Por eso, Pascual bien puede llegar a Washington diciendo: “Misión cumplida”. En tanto si Calderón cree que ganó con su renuncia, pierde. Cuando México destrabe su trabajo, entonces ganará. Entretanto, Pascual, a su estilo, se va triunfal.

Correo: maniobrasdelpoder@gmail.com

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