martes, 21 de septiembre de 2010

FIN A LA TREGUA DE CALDERÓN

21/septiembre/2010

*El Diario, llamado de la desesperación
*La guerra sigue golpeando a la sociedad

“Un buen gobierno es como una buena digestión; mientras funciona casi no la percibimos”: Erskine Caldwell (1903-1987).

El llamado de desesperación es paradigmático: “¿Qué quieren de nosotros?”. Es para todos: la sociedad, los periodistas y los medios de comunicación en general. Pero sobre todo para las instancias del gobierno federal, comenzando por el presidente Felipe Calderón, y para el gobierno estatal de Chihuahua que todavía encabeza José Reyes Baeza, sin resultados. Sí, el editorial del pasado domingo de El Diario de Ciudad Juárez sonó la chicharra del alerta con una suerte de ¡ya basta!
¿Acaso tenían, o tienen, que seguir asesinando periodistas a manos del crimen organizado, o de los personeros coludidos con las bandas de narcotraficantes que se disputan las plazas con baños de sangre, como el “paso del norte” en Juárez para hacer algo? Desde luego que no.
Y el “no” es para el gobierno que hace casi cuatro años emprendió una guerra contra los narcos, sin planeación alguna y bajo el simple uso de la fuerza, enviando a las Fuerzas Armadas a las calles sin otra acción complementaria. Digamos, como sería la purga de las instancias policiacas federales, estatales y municipales, la incautación de cuentas millonarias en la banca nacional e internacional, abultadas con recursos de procedencia ilegal, entre tantas acciones posibles de tomar.
A grado extremo. Y no sólo por tratarse de periodistas —hay quienes cuestionan la generalización de las protestas cuando se trata de informadores, cuando caen otros miles de inocentes anónimos en todo el país—, sino porque está amenazada la pizca de democracia en la cual se presume el avance del país, y que tanto pregona el partido en el poder.
También, porque golpear a los periodistas es tratar de enmudecer el derecho mismo de la sociedad, en su tan cara, anhelada y ganada libertad de expresión. Sin libre expresión no hay ni democracia, como tampoco el elemental respeto a los derechos humanos, tan atropellados por ese oscuro ambiente de guerra que prevalece por un capricho gubernamental y una estrategia de origen mal planteada.
El tema es que en el desempeño de informar, la vida misma de los profesionales del oficio está amenazada, ya sea por los criminales o sobre todo por los enlaces policiacos de los narcos, o por la impunidad cada vez mayor que alienta los asesinatos, ya de periodistas o los considerados “muertes colaterales” de la sociedad; la principal víctima.
El alerta de El Diario es porque la situación ha llegado a los extremos. Y eso obliga a cambiar la percepción del problema. Porque resulta que el llamado de “la redacción” de El Diario ahora no es ¡a las autoridades! sino a los propios miembros de la bandas de criminales. Porque “como trabajadores de la comunicación queremos que nos expliquen qué es lo que quieren de nosotros, qué es lo que pretenden que publiquemos o dejemos de publicar, para saber a qué atenernos”.
Tremenda declaración en defensa de la vida de los periodistas y del derecho a la libertad de expresión que le compete al Estado garantizar. Resulta que, ante la falta de respuestas de las instancias del Estado, el llamado desesperado del medio es porque: “Ustedes son, en estos momento, las autoridades de facto en esta ciudad, porque los mandos instituidos legalmente no han podido hacer nada para impedir que nuestros compañeros sigan cayendo, a pesar de que reiteradamente se los hemos exigido”.
¿Hasta dónde avanzará la situación de inseguridad que amenaza con lo peor, en lugar de hacerla retroceder con urgencia? ¿A qué grado se extenderá el crimen organizado, y a ello sujetar el ejercicio mismo de la tarea de informar, que lastima hasta las entrañas de la sociedad? ¿Hasta dónde el Estado seguirá postrado en su impotencia —muestra de la inoperancia o fallida guerra gubernamental—, en todas sus instituciones para mantener bajo control el fenómeno del narcotráfico (o en su caso eliminar) e impedir más violaciones y muertes de ciudadanos comunes y corrientes?
Porque, frente a esta “realidad inobjetable, nos dirigimos a ustedes para preguntarles, porque lo menos que queremos es que otro más de nuestros colegas vuelva a ser víctima de sus disparos”, en El Diario —y en los medios en general— nadie quiere otra caída más de inocentes por el solo compromiso de cumplir con informar a la sociedad. ¿Llamado a los criminales, porque “es imposible ejercer nuestra función en estas condiciones” (el asesinato reciente del reportero gráfico Luis Carlos Santiago Orozco, el jueves 16 de septiembre en las instalaciones de un centro comercial; hace casi dos años de Armando Rodríguez Carreón)?
¿Habíase visto hacer un llamado al enemigo frente a la inoperancia del Estado?... El mensaje es para todos. Pero especialmente para Calderón. El llamado de El Diario es una muestra singular de la fallida estrategia. Del arrinconamiento del Estado, para no hablar de la ausencia del Estado o del Estado fallido. ¿Entonces hasta cuándo redefinir la estrategia? ¿Por qué Calderón se oculta tras la cortina de la televisión y la ineptitud de sus asesores y altos mandos policiacos, que no ven ni miden el alcance de las medidas contra el crimen organizado?
Para no hablar, entonces, del Estado fallido porque esa calificación conviene más a los intereses de los estadounidenses que la quieren fija en la conciencia de los mexicanos, para saltar de ahí a la palestra fronteriza como los salvadores del problema del narcotráfico, entonces lo que está fallando es el gobierno. Sí, porque Calderón le ha fallado a los mexicanos. Su decisión de atacar al enemigo sin medirlo primero ni vislumbrar las consecuencias, simplemente con la finalidad de legitimarse, le está costado muy cara al país. Por lo tanto, lo que queda es que Calderón renuncie y deje la responsabilidad a otros.
Y es que, a estas alturas del sexenio, ha pasado el tiempo suficiente para otorgarle el beneficio de la duda. También, porque no da muestras de revertir sus propias decisiones y continúa cayendo en los mismos errores. De ese tamaño es, entonces, el editorial de El Diario. Por eso el alerta resulta paradigmático. ¿Habíase visto, hacer un llamado al enemigo, “no para claudicar” sino para “pedir tregua”? A Calderón es a quien se le acabó la tregua.

Correo: maniobrasdelpoder@gmail.com

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