jueves, 2 de diciembre de 2010

MÉXICO-PAN, DÉCADA PERDIDA

02/diciembre/2010

*Lastres, a 10 años de panismo
*Calderón, cosecha lo que siembra

“Cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa, no por todo el pueblo, sino por el sector a qué él pertenece. Los demás son, a juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas”: Thomas Macaulay (1800-1859).

Ayer, 1° de diciembre de 2010, el Partido Acción Nacional celebró sus 10 años de estancia en el poder, y Felipe Calderón sus primeros cuatro años como Presidente de México. Una década de desencantos en política y retroceso en las condiciones de vida de los mexicanos.
El primer presidente que sacó el Partido Revolucionario Institucional de los Pinos después de 81 años, Vicente Fox, ganó por amplia mayoría cercana a los 2 y medio millones de votos, con respecto a su más cercano contendiente, Francisco Labastida del PRI. Llegó triunfal recogiendo un mundo de esperanzas entre votantes y simpatizantes.
Desde el punto de vista de la política, por fin, eso significaba la tan anhelada alternancia partidista. Representaba también una oportunidad de oro para transitar desde el viejo sistema político priista corporativo, corrupto, autoritario y en descomposición, hacia un régimen abiertamente democrático. Más allá de los desplantes electorales. Un país con vida democrática plena, al menos como bien se asienta en los principios constitucionales, se abría de cara al nuevo siglo XXI.
Pero al poco andar, el presidente que sacó al PRI de Los Pinos a patadas, Vicente Fox mostró tremenda ineficacia o embelesamiento por la tan anhelada silla presidencial, por el poder y por el dinero. Porque sin proyecto de país o de nación, sin un ápice de preparación ni de visión del rumbo; sin saber cómo conducir al país en esta nueva etapa —no se olvide que además era el cambio de siglo y la expectación mundial—, la alternancia quedó en cambio de estafeta entre un militante de un partido y otro. Desencanto total.
Es decir, que la transición quedó en el sueño de los justos. Y el sistema político metido o bien en la inercia del pasado, porque se mantuvieron los cotos de poder de los caciques, el corporativismo, la corrupción y la impunidad que más bien se agudizaron. Eso caracterizó al nuevo gobierno del “cambio”. La decepción se apoderó de la gente y el capital político ganado en 2000, el bono democrático y casi un cheque en blanco para la transición democrática se fue a la basura.
Ya para el año 2006, las otras elecciones presidenciales donde Felipe Calderón perdió ante López Obrador, el fraude selló la continuidad panista. Ni el PAN ni Calderón ganaron limpiamente la elección. La intromisión de los llamados “ponderadores” en el sistema computacional del IFE explica el viraje de la estadística. Y el tribunal electoral avaló eso. Felipe Calderón le debe la presidencia a su cuñado, quien diseñó los programas de cómputo del IFE, Diego Heriberto Zavala Gómez del Campo, hermano de Margarita.
Con ese estigma a cuestas, el nuevo presidente del PAN no supo ser presidente de los mexicanos. Pronto sacó al Ejército a las calles con una doble finalidad: meterle miedo a la gente que seguía apoyando al Peje meses después por el robo de la Presidencia, y buscar la legitimidad al estilo Salinas: con un golpe de timón. Su pretexto: la medusa de las mil cabezas del narcotráfico.
Calderón siguió con los mismos lastres del foxismo; arrastrando al país al precipicio. Mejor dicho, el PAN se acomodó al entramado del viejo sistema político mexicano. Fox y Calderón así lo han hecho. El PAN no movió los hilos de los antiguos vicios. Ninguno de los dos hizo algo contra la corrupción —sino al contrario, se ha agudizado en Pemex al grado de amenazar con dilapidarla—, o la impunidad. El corporativismo sigue en pie, ni se diga el magisterial que encabeza Elba Esther Gordillo, el peor de los lastres de la educación elemental.
Si en el sistema político hubo acomodo al régimen político, en la economía los cambios brillaron por su ausencia. Nada ni por el empleo y menos por resolver la pobreza [dizque se ha reducido en 25 por ciento en la última década, “con todo y crisis” dice Calderón en entrevista ayer]. Ni el salario ni mejorar las condiciones de vida. Hoy Calderón se jacta de estar creando, tan solo entre enero y el 26 de noviembre, “952 mil nuevos empleos, cosa que nunca, ni remotamente había ocurrido en México” (Excélsior, 1 de diciembre, 2010). Casi de milagro. Lo que no dice es la calidad de ese empleo ni de dónde obtiene esos datos.
Porque prevalece, eso sí, el viejo y corroído sistema impuesto por el PRI que depende más de las exigencias extranjeras que de las políticas propias como nación: el modelo neoliberal que ha conducido al traste al país en todos los ámbitos de la economía y de la vida de los mexicanos. Ni Fox ni Calderón han hecho más que vanagloriarse de la “estabilidad macroeconómica”, que tiene postrado al país en un sistema a beneficio de los capitalistas inversionistas externos y a los pocos nacionales también dueños de las grandes empresas e inversionistas del sistema financiero.
Los grandes problemas nacionales del siglo XX siguen lacerando la vida de los mexicanos. Hoy Calderón se jacta también del acceso a la salud para 47 millones de mexicanos. Nada dice que se estén realmente beneficiando. Vivienda, recuperación del salario mínimo y mayor cobertura universitaria. Puros cabos sueltos.
En el fondo, los 10 años de panismo arrojan saldo oscuro. Ni qué decir de la fallida demanda de seguridad de la sociedad mexicana en todo el país desde que se desató la lucha contra el narcotráfico. Así se diga que hay avances en libertad de expresión y transparencia con el PAN (Corral), no hay más que con el PRI. Más bien el PAN ha gobernado con principios —sí dicen algunos—, pero los proempresariales. Fox dijo que el suyo era un gobierno “de empresarios y para empresarios” (“impuso la lógica empresarial”, Loaeza), olvidándose que un presidente no puede ser tan descaradamente parcial. De ahí el favoritismo hacia Televisa.
Como expresó un panista reconocido. Al PAN, y no solo a Fox, “le faltó cuando llegó a Los Pinos, una reflexión sobre los principios que deberían orientar al PAN en el gobierno. Preguntarse su aquello del respeto a la dignidad de las personas, el principio de la subsidiaridad para descentralizar la vida nacional, la búsqueda del bien común, la preeminencia del interés nacional, eran útiles y como se podrían traducir en políticas públicas”, dice Juan José Rodríguez Pratz, hoy integrante del Consejo Nacional panista.
Lo que falta del 2011 electoral, pero sobre todo el 2010 presidencial, pondrá al PAN en su lugar, luego de una década perdida. El PAN irá de cosecha.

Correo: maniobrasdelpoder@gmail.com

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