jueves, 16 de diciembre de 2010

MÉXICO, OPACIDAD AL FINAL DEL TÚNEL

16/diciembre/2010

*Ambiente 2010 seguirá en 2011 y 2012
*La sociedad tiene la última palabra

México, ¿hacia dónde? Todavía no se ve claro el futuro inmediato del país. No se ve la luz al final del túnel. Ni en materia económica porque el modelo neoliberal instaurado desde principios de los años 80, por Miguel de la Madrid y a instancias del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, está más vigente que nunca. Ni en materia política, porque los viejos sueños de hacer avanzar a México por la senda de la democracia [ese abuso de las estadísticas de Borges] fueron enterrados gracias al desencanto causado durante la gestión del primer Presidente de la alternancia —PriPan[ista]—, Vicente Fox Quesada. ¡Ni qué decir de la tan anhelada transición democrática!
De Felipe Calderón Hinojosa, el arribista que se apoderó de la Presidencia tras un proceso electoral tan oscuro por fraudulento en el 2006 —pero al fin continuador de los mismos trazos del Partido Acción Nacional que sacó a patadas al PRI de Los Pinos—, ni se diga porque sin proyecto de país alguno más bien se ha encargado de administrar la descomposición, el proceso de inestabilidad e incertidumbre, y de violencia generalizada gestado en las entrañas del antiguo sistema político priista. Del mismo modo que, en las relaciones internacionales, el PAN ha sometido a la otrora muy cuidada seguridad nacional, a todos los caprichos y planes geopolíticos y geoestratégicos del vecino imperial del norte.
Pues sí. Resulta que al cierre del 2010 no hay visos de que los mexicanos puedan aspirar a tener una vida y un país mejor en 2011, ni el siguiente año electoral presidencial del 2012. El ambiente de la política partidista estará tanto más caliente cuanto más se acerquen las definiciones para cada uno —sobre todo las principales fuerzas, el PRI, el PAN y quizá el PRD—; así en materia de candidaturas como de expectativas de lucha por el poder que se dará entre unos y otros [partidos y ungidos].
Y sendos 2011 y 2012, transcurrirán en plena algarabía electoral. Es decir, entre la definición de las coaliciones y los aspirantes reales de los partidos, y las posibilidades de ganar para cada uno. Eso sí, será muy importante, al menos como lo fue en el 2006, lo será en el 2012, qué partido tenga en sus manos el control del aparato electoral; quiérase que no, el IFE. Por mucha autonomía de oídas, porque en la práctica importa a qué intereses y de grupo atienden los órganos electorales. Está demostrado, sobre todo durante la elección de Salinas en 1988 y de Calderón en el 2006, que este asunto es más que primordial. No importa quién la pague; en toda la extensión de la palabra, hablando de los costos políticos.
Así, los próximos dos años serán para el “toma y daca”; de alianzas y destapes, entre simpatizantes y partidos la víspera. No obstante, lo peor que le puede pasar al país es que el PAN siga en la silla presidencial; con o sin fraude electoral. Con el PRD a cuestas. Es decir, torciendo nuevamente la balanza a su favor. Pero mucho dependerá de lo que haga el PRI, quien tampoco se muestra preparado para mudar de piel; abandonar las prácticas dinosáuricas de un pasado que todavía carga en hombros.
Como sea, el caso es que lamentablemente no se vislumbra ninguna otra posibilidad partidista. Tristemente, el PRD ha demostrado no ser alternativa viable para el país, y menos si va en alianza con el PAN en el 2011 y luego en la elección presidencial. La definición quedará presa del amasijo PRIAN, o el panconlomismo. En la mafia del poder, según la calificaría López Obrador, porque las posturas de ambos partidos parecen coincidir en que ninguna tiene propuestas para desatar el crecimiento y sacar al país de la postración. Y de la violencia.
Con el PRI o el PAN, el modelo neoliberal tampoco cambiará por dos razones. 1) Porque fue instaurado por el mismo PRI y el PAN continuó aplicando los calificados de excelentes resultados macroeconómicos; aquello de la estabilidad tan importante para los inversionistas especuladores. Con un saldo social de lamentar todo terreno para los mexicanos. Qué decir de la polaridad social, del aumento en la pobreza y la pobreza extrema, de los servicios sociales pésimos, el aumento del costo de la vida, el desempleo, la mala educación, etcétera. 2) Las secuelas son tales que, a estas fechas, la economía mexicana está muy amarrada o amalgamada a la de EU y por ello más altamente dependiente que antes con el PRI. Los préstamos al país —del calibre del último concedido por el FMI por 73 mil millones de dólares, en prevención de “cualquier turbulencia” aunque no se ocupen—, son muestra de ello.
La relación México-EU no mudará en tanto no haya cambios en el sistema político y en el modelo de desarrollo neoliberal. Y eso no sucederá de aquí al 2012 ni después. Para eso se requiere un estadista que presione para cambiar la relación contraria a México. Y los posibles, los que están listos para suceder a Calderón en el 2012 —como tampoco éste— poseen el talante ni la reciedumbre para insubordinarse, sin poner en peligro al país frente, al imperio gringo del norte. Porque, dicho sea, los estadistas o ya no se dan o se cuecen aparte.
Entonces, no se ve una salida pronta —a mediano-largo plazo— para el país de la situación en que se encuentra al cierre del 2010. Por los escándalos electoreros de los siguientes dos años, y porque gane quien gane con el PRIAN, las cosas no darán el giro que México necesita [a candidatos como Andrés Manuel no se les permitirá llegar; por eso Calderón insiste en la aprobación de su propuesta desde el Congreso de la “segunda vuelta electoral” en la elección presidencial, para evitar la opacidad de la ilegitimidad, una vez que el tercero en discordia sea expulsado de la jugada].
Lo peor es que la violencia puede generalizarse más. Y el Ejército seguir haciendo el trabajo sucio del presidente en contra de los carteles del narcotráfico, desde la calle sin facultades constitucionales claras, sin atender a un revire de la estrategia en todas las vertientes óptimas para acabar con el flagelo. Cosa que en el fondo ni parece estar en los planes del gobierno actual. Como tampoco indagar los lastres de corrupción e impunidad. Lo mismo que se induce a la sociedad a adoptar a la violencia como cotidiana en su vida diaria [lastre peligroso]. Y contener cualquier reacción levantando acusaciones de rebelión o crimen organizado, porque también para eso Calderón sacó a los militares de sus cuarteles. Luego entonces, los mexicanos no tienen un enemigo sino varios. Que los partidos se definan, cada cual, con o sin elecciones; pero la sociedad tiene la última palabra.

Correo: maniobrasdelpoder@gmail.com

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