miércoles, 16 de mayo de 2012

Amigos. De ahora en adelante publicaremos las reflexiones que aparecen en la revista Reporte México, de publicación en México, DF. Un saludo a todos. Y disculpen la espera. Gracias por su paciencia.


La ilegitimidad como negocio*

*Los presidentes mexicanos, o bien que no resisten a la presión de los intereses mezquinos de los grupos de poder, establecidos y fácticos, o están sujetos a ellos

*Porque la trampa neoliberal se sustenta, entre otros candados, en las privatizaciones —llamadas pomposamente “reformas estructurales”— y venta de garaje de los bienes nacionales del otrora Estado benefactor que los administraba



Por Salvador González Briceño

Director de Reporte México

(http://www.wix.com/reportemexico/mx#!)

  

“La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el agua sobre el aceite”: Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616).

  

Resistencia al cambio

En la historia de los países hay circunstancias o coyunturas álgidas que, cuando se presentan dejan una buena impresión, o casi siempre una herida que no cierra fácilmente. Es el caso, por ejemplo, del estallido de revoluciones, la promulgación de constituciones, el fin de prolongadas guerras o la caída de tiranos, entre otros. Acontecimientos que trascienden y son inevitables porque se entrecruzan con el presente y amalgaman el futuro de los pueblos.

Como sucede en los países pobres y en “desarrollo”, México tiene en la actualidad un corolario de situaciones tan complejas, álgidas y hasta peligrosas. Para explicarlas hay que ver, como en la dialéctica, la dinámica interna que está en primera fila. Desde afuera, por su parte, hay que medir tanto el yugo geopolítico y geoeconómico imperial con el cual avasalla al mundo los Estados Unidos, como los coletazos de la llamada globalización neoliberal en declive.

Se trata, por un lado, de los síntomas de descomposición de un sistema político mexicano caduco y que se resiste al cambio; la democracia, que se alude cual si fuera mercachifle electoral, como un simple ardid publicitario. Los políticos se quedan con la revisión de los problemas nacionales y el diagnóstico, porque se niegan a emprender  la reestructuración. Por ello tanto parche a la Constitución y tantas leyes “complementarias”, porque los líderes de la clase política defienden privilegios —propios y ajenos, los del poder  económico— frente a cualquier intento de renovación, provenga de donde provenga.

Por eso también la llamada transición del sistema político no cuaja, y se queda en buenas intenciones y enredos discursivos. Porque no hay voluntad política desde la institución presidencial —vivimos en un sistema presidencialista y a ella le competen los primeros pasos—, sobre todo, para negociarla. Porque hay muchas resistencias. Pero se requieren estadistas, no gobernantes. Por eso transiciones como la española tienen mérito; seguro que por su casta imperial y por todos los favores que la vieja Europa le debía. Eso explica los apoyos recibidos.

Los presidentes mexicanos, o bien que no resisten a la presión de los intereses mezquinos de los grupos de poder, establecidos y fácticos, o están sujetos a ellos. Peor cuando se trata de un presidente sin credibilidad, ilegítimo y carente del apoyo de todos los sectores de la sociedad sin los cuales no pasa nada.

Por eso mismo la llamada alternancia del año 2000, se quedó en un simple cambio de estafeta —del ocupante de Los Pinos— entre el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Acción Nacional, no se tradujo en beneficio alguno para el país. Nada para el sistema político, tampoco para el modelo económico; ese creador de encumbrados millonarios y tremendo socializador de pobres.



La ilegitimidad, el negocio



Corolario de esta compleja situación, resulta que el pueblo mexicano vive tiempos de inseguridad, incertidumbre, violencia, pobreza, abandono, y miedo en el campo y la ciudad, desde el norte hasta el sur del país. Y las elecciones como parteaguas sui géneris que son, forman parte importante de la renovación de un sistema político mexicano en crisis.

De ahí que la elección sea, como nudo gordiano, también soporte y reproductor dicho sistema político precario. Punto de encuentro o de confluencia entre las fuerzas políticas que se disputan el poder. Eso sí, funciona también como mecanismo legitimador, por el filtro del votante. Por eso no importa que sea legal, esa legalidad intrincada y saturada de normas. ¡Cuántas reformas a las leyes electorales!

¿Por qué y de quién tanta desconfianza?: ¡Que la democracia electoral! ¡Qué el respeto al voto ciudadano! ¡Que las campañas político-electorales! ¡Que los candidatos de los partidos! ¡Que los grandes recursos destinados a las elecciones! ¡Que las propuestas —ausentes— de los candidatos!

Pero, ¡no señores! Como diría Salinas, respeto de Luis Donaldo Colosio siendo el candidato presidencial cuando Manuel Camacho Solís atraía los reflectores como negociador del gobierno frente al EZLN: “No se hagan bolas”.

La verdad es que el fraude electoral es redituable. Es negocio para la clase político-económica porque la ilegitimidad es mejor para ellos. Un presidente ilegítimo no tiene la fuerza, ni consenso, ni credibilidad ni los hilos suficientes para emprender cambios de fondo que atenten contra sus intereses. Y a río revuelto ganancia de pescadores. Porque la elite político-económica presume que el modelo económico neoliberal llegó para quedarse. Y contra toda resistencia tiene la fuerza que manejarlo a su antojo: a la economía y a los políticos.

De ahí que en la práctica política de México, en el ejercicio del poder, la ilegitimidad se haya convertido en ilegalidad. Y la ilegalidad se considere como circunstancial pero a su vez como “normal”. Porque el modelo neoliberal que sirve sólo a los grandes intereses, tanto internos como externos porque desde afuera llegó el Consenso de Washington —así lo firmó, mediante Cartas de Intención en 1983, el ahora extinto presidente Miguel de la Madrid Hurtado y profundizó el ilegítimo Carlos Salinas—, es como cl “cuerno de la abundancia” o una gran alcancía. México es país agraciado de Latinoamérica por su distinción de su marcada desigualdad en la distribución de la riqueza. Y tiene para más, en tanto el modelo siga su curso.

De ahí la guerra continua de los ricos contra los pobres. Porque la trampa neoliberal se sustenta, entre otros candados, en las privatizaciones —llamadas pomposamente “reformas estructurales”— y venta de garaje de los bienes nacionales del otrora Estado benefactor que los administraba, para luego ir a parar a manos de particulares. Dizque por la eficacia del mercado. Patrañas, porque el neoliberalismo resulta a todas luces disfuncional y desarticulador de las economías reales y a beneficio de los capitales especulativos, golondrinos.

Por eso la llamada reforma del Estado en México generó en pocos años un montón de potentados, entre ellos a Carlos Slim ahora el hombre más rico del mundo. Y tantos más, como uno de los favoritos de Forbes, en estos tiempos Joaquín Loera El Chapo Guzmán, líder del cartel de Sinaloa.

¿No era Teléfonos de México una paraestatal? Al igual que el resto de las empresas privatizadas; algunas mal administradas, lo cual también es verdad, pero había una mejor distribución de la riqueza. Y la dinámica económica era otra, generaba empleos y reportaba índices de crecimiento del PIB del 6 por ciento —el llamado “desarrollo estabilizador”.

Por eso el acoso hacia Petróleos Mexicanos iniciado por Carlos Salinas de Gortari, continúa hoy por los panistas (Véase el libro de Ana Lilia Pérez, Camisas azules, manos negras. El saqueo de Pemex desde Los Pinos. Grijalbo, febrero 2010). Sustento del cuento legislativo para brincarse una Constitución que blindara Lázaro Cárdenas desde los tiempos de la nacionalización de Pemex, para impedir el saqueo con la explotación del sector por las trasnacionales petroleras. ¿A beneficio de quién? (Ahora la situación está mucho peor; el saqueo tiene origen corporativo, y el crimen organizado ya llegó. De la misma autora: El cartel negro). Por cierto que los mexicanos pierden, porque las gasolinas están entre las más caras del mundo.


El caso Pemex


Por merecer trato aparte —sigue siendo la empresa más importante del país—, del caso Petróleos Mexicanos en Maniobras del poder escribimos lo siguiente.


Pemex, nido de ratas

*De la expropiación a la privatización

*El saqueo que atenta contra la nación


No queda nada qué celebrar en 18 de marzo con motivo de la Expropiación Petrolera del general Lázaro Cárdenas de 1937-38. ¡Bueno! Ni siquiera el día, porque se perdió con las iniciativas de Vicente Fox, y el aval del Congreso de la Unión, que modificaron el calendario para recorrer algunos días “festivos” como éste, para el lunes inmediato anterior.

El petróleo expropiado se convirtió en petróleo privatizado, de unos años para acá. Y, a estas alturas, casi no hay áreas de Petróleos Mexicanos (Pemex) en las cuales no estén metidas las manos de particulares “amigos” y “contratistas”; sobre todo en la subsidiaria más importante: Pemex, Exploración y Producción (PEP). Bueno, ni siquiera pudieron esperar —los administradores y el gobierno federal panista—, a que la reforma de Calderón fuera aprobada por los legisladores en el Congreso. Hasta la presencia de inversionistas extranjeros ocurrió tiempo atrás.

Basta revisar el libro de Ana Lilia Pérez, Camisas azules… cit.), que desnuda las trapacerías de los panistas, para destapar la cloaca y ver solo algunas de las tantas transas que alimentan la voracidad de las mafias que trabajan en la paraestatal “de todos los mexicanos”, por los negocios que se ofertan (licitaciones amañadas) entre contratistas privilegiados.

Más lo que se acumula con el entreguismo a los beneficiarios mediante figuras anticonstitucionales como fueron los Contratos de Servicios Múltiples (CSM), para algunas empresas extranjeras. ¡Sí, a extranjeros!, porque el petróleo pasó de la Petroleum Company of California (hoy Chevron-Texaco), la Standard Oil Company (hoy Exxon-Mobil), la Pebb Mex Oil Company (hoy Penzoil), de los tiempos de Cárdenas, a las petroleras trasnacionales de ahora: Repsol, Petrobras, Teikoku, Oil Techint, Tecpetro, y D&S Petroleum (p. 47), en los tiempos del PAN. Entreguismo de ¡alta traición contra los mexicanos!

Por eso, a estas alturas del partido no hay nada para celebrar. Todo lo contrario. Hay elementos para castigar a los responsables de tamañas acciones anticonstitucionales y atentatorias de la propia seguridad nacional (el petróleo para cualquier país es asunto de seguridad nacional, ni mencionar a Estados Unidos que por ese motivo emprendió las últimas guerras en Asia Central), porque hay funcionarios que han estado entregando a manos privadas el patrimonio de los mexicanos; el fruto de la decimoprimera empresa mundial de un energético que todavía mueve al mundo de la industria y los servicios.

Denunciar y juzgar, es lo que anticiparon algunos legisladores de oposición al PRI/PAN la semana anterior (sesiones de martes 9 y jueves 11 en la Cámara), cuando panistas y priistas se dieron hasta con la cubeta con motivo de los enjuagues para proteger a Enrique Peña Nieto, rumbo a la elección presidencial del 2012 […], aún a costa del aumento en los impuestos en prejuicio de los mexicanos. Sesión en donde los priistas mostraron la portada del libro citado para arremeter contra César Nava, como amigo cercano de Calderón que —junto con los “treintañeros y arrogantes” yuppies, y el malogrado Juan Camilo Mouriño— hizo negocios privados de la empresa pública número uno del país.

Y así lo asienta Miguel Ángel Granados Chapa en el prólogo del citado libro. “La inclinación de miembros del PAN al latrocinio y al abuso alcanza hasta a los mejores, o que parecían ostentar ese título, hasta que la indagación de Ana Lilia Pérez los puso en su lugar”. Y arremete contra Nava, luego de tantos elementos que aporta la autora. “El caso paradigmático de cuantos están expuestos en estas páginas es el de César Nava. Duró poco tiempo en la oficina del abogado general de Pemex. Pero su huella es tan profunda que parece haber estado allí una eternidad. En poco menos de dos años —de octubre de 2001 a septiembre de 2003— protagonizó casos que en otras circunstancias lo hubieran llevado a los tribunales” (p.p. i, ii). Y en esas anda. Tirando línea como líder de los diputados panistas en San Lázaro.

Baste el tema de los llamados CSM, como lamentable ejemplo. “Documentos internos de la paraestatal y la SFP (Secretaría de la Función Pública) revelan cómo Nava Vázquez, al frente de la OAG (Oficina del Abogado General), autorizó el diseño de los CSM… a la firma Pricewarderhouse Coopers”. Con todo y que “violaba el artículo 27 constitucional, la Ley Orgánica de Pemex y su reglamento, así como la Ley de Obras Públicas y Servicios Relacionados con las mismas (LOPSRM)” (p. 47).

Así, “en el periodo en que Raúl Muñoz Leos era director general de Pemex, Luis Ramírez Corzo director de PEP, y César Nava abogado de la paraestatal, operaron para que ésta suscribiera contratos como si se tratara de una compañía privada, cediendo a terceros la exploración y explotación de pozos. Y al hacerlo pasaron por alto las consideraciones de especialistas adscritos a la OAG, quienes desde 2002, cuando se diseñaron los CSM, advirtieron que el modelo propuesto por Pricewarderhouse Coopers violentaba la ley” (p. 48).

Hay más triquiñuelas: “Al beneficiar a las trasnacionales con contratos por más de 4 000 millones de dólares que les permitiera explorar, explotar, producir, transportar o almacenar gas natural y sus condensados en la Cuenca de Burgos durante 20 años, Nava Vázquez les cedió actividades estratégicas de Pemex, por lo que habría incurrido en supuestas violaciones a los cuatro primeros artículos de la Ley Reglamentaria del Artículo 27 Constitucional, así como a la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos (LFRSP)” (Ibíd.).

Aparte de Nava, aparecen documentadas las transas de Mouriño, de los hijos de Marta Sahagún en el apoyo de Oceanografía, de negro historial, de Sain Martin. Y tantas personalidades más, como el diputado Nordhausen y Juan Bueno Tenorio. Por esto, el 18 de marzo nada se celebra. [18.3.10]. (Está en: //bit.ly/HymHjd).


Elecciones fraudulentas


Con algunos testimonios. En las últimas décadas, el país cuenta en su haber con un saldo de por lo menos dos elecciones tramposas. Dos elecciones presidenciales agudamente cuestionadas, al grado de cargar con el señalamiento de la ilegitimidad: la de Carlos Salinas de Gortari el 6 de julio de 1988, señalada como la “caída del sistema” porque las trampas impidieron a Cuauhtémoc Cárdenas ser el Presidente. La de Felipe Calderón Hinojosa en el 2006, quien se negó al recuento de votos pese a que la diferencia fue tan pequeña que no le garantizaba el triunfo per sé. Y menos con los engaños cibernéticos que todos vimos la noche del 2 de julio del 2006. Impidiendo así el arribo de Andrés Manuel López Obrador a la silla presidencial. (Véase a: José Antonio Crespo, 2006. Hablan las actas. Las debilidades de la autoridad electoral mexicana, Debate, 2008).

Elecciones de Estado, a fin de cuentas. Porque sin respetar la voluntad popular se construye la imposición de ganadores que deriva en el rechazo y el desencanto popular. Con Salinas se gestó el desastre nacional; con Calderón vino la estocada. Por ello, ambos presidentes requirieron golpes de timón para tratar de legitimarse. Y lo consiguieron a medias, pero cómo han castigado al país.

El primero pretendió lograrlo con El Quinazo, la detención de Joaquín Hernández Galicia líder del sindicato petrolero. Luego la sustitución de Carlos Jonguitud por Elba Esther Gordillo, en deterioro de la educación del país y para el uso político del sindicato magisterial. El segundo se sacó de la manga una guerra contra el narcotráfico, de la cual el país padece ahora las más graves y violentas consecuencias. Porque ningún número de muertos justifica una determinación presidencial de ese tamaño. Y ya van 60 mil, según la estadística, porque la justicia brilla por su ausencia. Sólo hay impunidad. Como si le faltara algo a un sistema político disfuncional, que se distingue también por su elevada corrupción en el ranquin mundial.


1988


Del primero hasta su mentor se arrepintió. Se trata del testimonio de De la Madrid sobre Salinas, que veremos ahora. Hay muchas opiniones, pero veamos sólo algunas. Primero en la reflexión de Porfirio Muñoz Ledo sobre el fraude electoral. Cita larga pero necesaria, porque su significado es mayúsculo para el país. Más cuando Salinas anda escribiendo libros autojustificatorios sobre su gestión. Que más bien son de cinismo y perversidad políticos.

“Un libro esencial —dice Muñoz Ledo— para el conocimiento del acontecer contemporáneo del país es 1988: El año que calló el sistema. Su autora, la noble periodista Martha Anaya. Leerlo es una experiencia estremecedora e imprescindible. Debiera generar un análisis responsable sobre los orígenes inmediatos de la tragedia nacional. No es un alegato ideológico sino un repaso objetivo y documentado de [los] sucesos que descarrilaron el cambio histórico. El abatimiento de los velos piadosos que han encubierto la enorme tradición cometida contra la voluntad popular: el juego suicida entre inercias y mezquindades que ha marcado desde entonces el despeñadero moral de la República.

“La obra en una crónica de las jornadas iniciadas el día de la elección y desarrolladas más tarde entre bambalinas, hasta que el sistema recobró el control político mediante la aceptación —interesada o medrosa— de una victoria oficial que nunca existió, por parte de quienes realmente la obtuvieran. Los testimonios de los actores no dejan lugar a dudas sobre las cuestiones a debate.

“Ante todo el verdadero resultado de los comicios, ¿Cárdenas obtuvo más sufragios que Salinas o sólo quisieron preservar una mayoría holgada para el régimen? Además de que los hechos relativos apuntan inequívocamente en el primer sentido, ninguno de los interrogados afirma que Salinas ganó la elección.

“Quien es titular del Ejecutivo dice: `portar el sambenito del fraude es penoso pero lo hubiera sido más perder el poder´; `a la izquierda no habría ni hay que dejarla llegar´. `Creo que  hice bien en impedirlo´. Aunque no haya sido obra de su firmeza, sino de las maquinaciones del beneficiario primordial.

“La célebre caída del sistema es más sustantiva de lo que muchos suponen. No fue sólo una decisión de emergencia para evitar la diseminación de cifras abundantemente favorables a la oposición en el Valle de México. Derivó también de obstrucciones informativas de los comités estatales, que improvisaban malabarismo para maquillar los resultados en todo el territorio nacional.

“El cúmulo de falsificaciones comprobables, el `escalofrío de Los Pinos´ descrito por la autora, el desconcierto de la clase gobernante, la perceptible neutralidad del Ejército, la convicción de nuestro triunfo en la opinión internacional y sobre todo el enardecimiento popular, habían creado las condiciones para exigir la nulidad de la elección e impulsar una genuina transición democrática.

“Así lo convinimos el 6 de julio en el Llamado a la legalidad redactado por Carlos Castillo Peraza y por mí: `En caso de que no se restablezca la legalidad de proceso electoral no aceptaríamos los resultados ni reconoceríamos a las autoridades que provinieran de hechos fraudulentos, por lo que procederíamos a defender los derechos del pueblo mexicano con todas las armas que la Constitución nos otorga´.

“Las evidencias del fraude eran mucho mayores a las que cualquier legislación establece para anular comicios, y la capacidad de movilización social muy superior a otras que desplomaron regímenes por la vía pacífica. La equiparación con el 68 es desproporcionada, y el hipotético `baño de sangre´, sólo una excusa a posteriori del discernimiento. No era factible, ni con Atila despachando en Palacio.

[…]

“Pudimos ser adelantados de la historia, pero los principales dirigentes carecían de los tamaños para entenderlo. Se requería, como escribió Jorge Castañeda, `una visión de largo plazo y la definición precisa de que la meta era la liquidación del sistema´.

“En aquél entonces le dije: `si dejamos que este chaparrito se recupere y reagrupe sus fuerzas, no nos lo quitamos de encima´. Así sucedió y la derecha se instaló en el poder durante dos decenios para ejecutar un programa radicalmente opuesto al plebiscitado por el pueblo.

“El desastre acaecido hasta hoy es nuestra responsabilidad por omisión y la pequeñez de algunos apenas se distingue de la complicidad.

“Afirma De la Madrid que, al entrevistarse secretamente con su contrincante, Cárdenas admitió la derrota: `Aceptó la victoria de Salinas en los hechos; se sentó con él a negociar´. A cambio de ninguna ventaja política comprobable, ya que todas fueron a las alforjas de Acción Nacional. Para acá reservaron la represión y finalmente el desprecio.

“No imagino a los conspiradores de Querétaro —cierra el autor apaleando a Cuauhtémoc—  negociando en la sombra posiciones con el virreinato ni a los maderistas o constitucionalistas enviando en la batalla mensajes subterráneos de retirada. Para infortunio de nuestra generación, los héroes no se dan en maceta ni la grandeza es un bien heredable”. Hasta aquí. (Tomado de: La vía radical. Para refundar la República. Grijalbo, 2010. P.p. 13-15).

También el periodista Martín Moreno califica: “Salinas de Gortari llegó a la presidencia mediante ese fraude”. (p. 126). Y resalta el diálogo de Martha Anaya con De la Madrid. (P.p. 126-128). “El fraude electoral… radica también en la actuación de los poderes establecidos: en las autoridades electorales, en los presidentes de casilla, en el Tribunal Federal Electoral, en los secretarios de Estado, y en el Presidente de la República”. (p. 128).

Y remata: “El fraude del 88 estuvo en el 50 por ciento de casillas no contadas por la oposición; en las 1 762 con votación absoluta para el PRI y ningún sufragio para otro partido; en el retardo de los resultados electorales. Pero fundamentalmente, estuvo en la intervención del presidente Miguel de la Madrid, utilizando todo el poder del Estado, para manipular y dar tiempo a los operadores priistas para `la votación y adjudicarle el triunfo a Carlos Salinas de Gortari. En resumen, 1988 fue un ejemplo mayúsculo del abuso del poder en México. De ellos, los priistas”. (En: Abuso del poder en México. Aguilar, 2012, p. 130).

En la entrevista con Carmen Aristegui para el libro Transición, De la Madrid no mencionó el fraude electoral, pero sí “rompió la regla de oro” de hablar de su sucesor. Se dijo decepcionado de él. En MVS Radio Noticias, se retransmite la entrevista el 13 de mayo de 2009.

Carmen lanza la pregunta: “¿Qué dice a la distancia de haber sido, porque no me lo va a negar, el factor para que Salinas llegara a la presidencia? ¿Se equivocó?

“MMH: Me siento decepcionado porque me equivoqué, pero en aquel entonces no tenía elementos de juicio sobre la moralidad de los Salinas; me di cuenta después que es conveniente que los presidentes estén mejor informados de la moralidad  de sus colaboradores.

“CAF: ¿Qué le decepcionó más de Carlos Salinas?

MMH: Principalmente esa inmoralidad que hubo.

CAF: Respecto al dinero. ¿Y de su gestión política?

MMH: También creo que cometió equivocaciones graves, que le trajeron la antipatía de ciertos grupos de la población”. (Grijalbo. 2011. p. 108).

Luego Salinas descalificó a su mentor obligándolo, por intermediación de su familia, a firmar un desmentido: que “sus respuestas carecen de validez y exactitud”. Salinas alegó en carta a la periodista sobre la “limitación de sus capacidades” del interlocutor. Hizo todo para eludir políticamente las consecuencias.

Y Aristegui concluye, en entrevista posterior con La Jornada: “Sin que haya un juicio de interdicción, aquí simplemente se aceptó porque Carlos Salinas lo decía. Los ejes de poder de este país silenciaron a un expresidente y por la noche el duopolio televisivo hizo caso omiso; esto último nos habla de uno de los principales asuntos que existen en este país, y que nos hacen pensar que la democracia en México, si es que es tal cosa, es de tan baja calidad que se atenta contra un derecho fundamental de los ciudadanos: el derecho a la información”. (27 de noviembre de 2009). Un régimen absolutamente rudo que lleva 20 años de continuidad, decía Camacho Solís con la entrevistadora.

Pero el dictamen estaba hecho tiempo atrás. Carlos Salinas no se salva del repudio popular, y menos del juicio de la historia.


2006


Sobre el modo bajo el cual Calderón llegó al poder, también se ha escrito lo suficiente como para saber que no ganó con votos sino a chaleco. Es decir con un dictamen torcido del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). De ahí que en las calles —porque la gente común nunca olvida— el “presidente legítimo” siga siendo López Obrador.

El 30 de mayo de 2010 en la columna “Elecciones a la mexicana”, escribíamos: “El 3 de agosto de 2006, reunidos en un seminario especial de trabajo en el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 61 investigadores y científicos de diversas disciplinas pertenecientes a 25 instituciones del país, tras analizar y discutir cuidadosamente los resultados de trece estudios realizados en México y uno en la Universidad de Cornell, Estados Unidos de Norteamérica, con base en los datos publicados por el IFE, concluyeron que en la elección de Presidente de la República del 2 de julio de 2006 hubo anomalías lo suficientemente evidentes que no permiten decir que se haya cumplido con el principio rector de certeza”. (Tomado de: “Elecciones presidenciales. México 2006”, http://bit.ly/w0WUvY). Fraude cibernético.

¿Por qué no se anuló la elección? ¿A cuentas de qué el TEPJF benefició a uno de los candidatos, en su caso a Calderón, sin atender plenamente las anomalías de la citada elección? ¿Por qué el IFE declaró ganador a Calderón sin las evidencias plenas? ¿Los intereses de quién se impusieron para dar el triunfo al PAN? ¿Por no permitir la llegada de Obrador al poder? ¿Por temores de quién o quiénes? ¿Por qué no respetar la voluntad ciudadana? ¿Otro fraude después del 88? ¿Qué clase de presidente sería electo con tamañas anomalías? ¿Se merecen eso los mexicanos? Algunos pocos, los detentadores del poder dirían que sí; de hecho porque lo dijeron es que se validó la elección.

José Antonio Crespo, quien realizó una investigación seria, no pudo concluir que Calderón ganó; aunque tampoco dijo que ganara Obrador. Sólo sembró la duda, que el cúmulo de irregularidades no podía ser el basamento de una determinación legal para el TEPJF, pero lo hizo. Aquí una apretada síntesis de su indagación.

“La elección presidencial de 2006 —comienza diciendo el autor— representó un fracaso, en tanto no pudo generar consenso sobre el resultado, es decir, la convicción generalizada de que quien ganó oficialmente lo hizo en buena lid”.

La equidad en la contienda, la imparcialidad de las autoridades encargadas de organizar y calificar los comicios y la pulcritud del proceso electoral, son elementos que contribuyen a obtener el consenso electoral. Cierto. “Pero no siempre es posible garantizar tales condiciones al cien por ciento; o mejor dicho, casi nunca lo es.” (p. 17).

Dada la demanda del “voto por voto, casilla por casilla”, con la cual Obrador enfiló sus protestas partidistas y de simpatizantes ciudadanos, “me acerqué al PREP del IFE, para preguntar cuántos errores aritméticos detectaba entre los rubros del acta que estaban diseñados para coincidir. La cantidad resultó abrumadora: entre 800 mil y dos millones y medio, según los rubros comparados”. (p. 13).

Luis Carlos Ugalde, presidente del IFE, al difundir los resultados computados dijo: “La regla de oro de la democracia establece que gana el candidato que tenga más votos. Han sido los ciudadanos, y sólo ellos, quienes han decidido el resultado final”. No obstante, agrega Crespo: Si existen votos irregulares o inciertos en número superior a la diferencia entre el primero y el segundo lugar de la contienda, no es posible determinar cuál fue esa voluntad ciudadana de la que hablaba Ugalde.

Y en las conclusiones agrega que a la regla de oro citada por Ugalde suele omitirse que: “Si por un voto se gana o se pierde, basta uno solo que sea irregular, de origen incierto, espurio o que no se hubiera considerado en el cómputo total, para generar incertidumbre en el cómputo total, para generar incertidumbre sobre quién ganó”. (p. 165).

“…Mientras más cerrado es un resultado, más pulcra y equitativa debe ser la elección para que un veredicto estrecho genere, pese a todo, consenso y credibilidad entre los candidatos y sus respectivos partidarios. De lo contrario surgen la incertidumbre, la duda, la impugnación, el cuestionamiento sobre la legitimidad de la elección misma y de su ganador oficial”. (p. 18.)

Y la norma dicta: “La ley de impugnación establece que, cuando los votos irregulares en una casilla no permiten saber por quién votó el electorado de esa casilla, lo consecuente es anular la elección”. (p. 166). Y si los informes de IFE reportaban inconsistencias aritméticas “en las actas de aproximadamente 81 mil casillas (63 por ciento de las poco más de 130 mil casillas que se instalaron)…, el tribunal interpretó en su primera sentencia (5 de agosto) que el IFE debió abrir “todos los paquetes electorales cuyas actas registraran cualquier inconsistencia aritmética…”

Pero no. El IFE sólo abrió el 3.5 por ciento de los paquetes, lo que implicaba que el 96 por ciento restante no fuera abierto en ese proceso conforme lo estipulaba la ley. (p. 167). Así, ante la incertidumbre prevaleciente lo lógico hubiera sido declarar nula la elección, no por la citada ley de impugnación cuando por “la causal de nulidad abstracta… según la cuál  cuando se detecta alguna irregularidad que afecte gravemente alguno de los principios rectores de los procesos electorales —en este caso la certeza—, procede invalidar la elección respectiva”. (p. 172).

Sin embargo, “los magistrados determinaron que las irregularidades detectadas no habían sido determinantes en el resultado…”, pero “la verdad aritmética contenida en las actas electorales difiere, en este punto, de la verdad jurídica determinada por el Tribunal”. (p. 173). En fin, que “el propio tribunal estableció en su dictamen final (5 de septiembre) que la ley de impugnación electoral valía para desahogar los juicios de inconformidad, pero no era aplicable al hacer el cómputo final ni al ponderar la validez de la elección.” (sub. nuestro). (Ib.).

Concluye Crespo con la siguiente metáfora: “Al preguntarle a las actas electorales —únicas con valor oficial para determinar el resultado final— ¿quién ganó?, estas no nos respondieron, como muchos podrían suponer, que triunfó Felipe Calderón. Tampoco responden que ganó Andrés Manuel López Obrador, como muchos otros suponen. Lo que afirman es que  lógica y aritméticamente no es posible saber quién ganó.” Por lo tanto, “el triunfo inobjetable e inequívoco de Calderón se convierte, también a la luz de lo que dicen las actas, en otro mito”. (p. 171).

Luego entonces, “El Tribunal Electoral validó jurídicamente el triunfo de Calderón, para lo cual está facultado, pero no lo demostró fehacientemente. Lo hizo al margen de la información contenida en las actas, en lo que respecta a los votos irregulares”. (Ib.). Las actas dicen algo muy distinto a lo que los magistrados nos informaron que decían.


Un sistema caduco


Desde los asesinatos de Colosio, Ruiz Massieu y Posadas Ocampo, quedó más claro que los grupos políticos estaban dispuestos a seguir disputándose el poder a balazos. Como durante la posrevolución, cuando los generales y caciques controlaban el territorio nacional. Como lo plantea el ya clásico politólogo Don Daniel Cosío Villegas en El sistema político mexicano: “Y en 1928 la lucha facciosa concluyó con la muerte de los tres candidatos revolucionarios: los generales (Francisco R.) Serrano y (Álvaro) Obregón, asesinados, y Arnulfo R. Gómez, fusilado”. (Joaquín Mortiz, p. 37).

Hoy el país parece fuera de control. Sujeto a la voluntad de la élite político-empresarial. Ahora las disputas por una rebanada del pastel son sangrientas. La lucha contra el narcotráfico sacó a los militares a las calles y no hay contención alguna del flagelo. Más allá del arresto de narcos menores, no se vislumbra mayor solución porque la sociedad no encuentra el sosiego, la paz y tranquilidad familiar, la seguridad que necesita para el diario vivir.

Ni los presidentes ni los partidos parecen estar disciplinando siquiera a sus huestes. El autoritarismo presidencialista alentado por el PRI durante su vigencia de siete décadas, entró en descomposición desde los últimos sexenios del priismo neoliberal, y se agravó con la alternancia panista. Más resultó que el PAN llegó a instaurar un gobierno proempresarial todavía más agresivo. Por eso no hay solución a sus promesas. ¿Cuál “tele, vocho y changarro” como prometió Vicente Fox? ¿Cuál presidente del empleo, como lo dijo Calderón?

Las promesas, promesas son. ¡A juzgar por estos tiempos electorales!

¿Alguien de los políticos, aún los candidatos presidenciales (Enrique Peña Nieto por el PRI; Josefina Vásquez Mota del PAN; Andrés Manuel López Obrador por el PRD —con sus satélites los tres—, Gabriel Cuadri de la Torre por el Panal), se acuerda del sistema político mexicano? ¿Algún candidato sabe, y tiene presente que dicho sistema demanda cambios? ¿Qué el sistema político está en vías de descomposición?

El presidente en turno, como cabeza del Estado, es el responsable de las directrices nacionales y de las políticas de seguimiento. El garante del buen funcionamiento del entramado institucional y gubernamental, no para el laissez faire, laissez passer sino para resolver los problemas del país. En dos sentidos: 1) Cambios al propio sistema político mexicano; 2) A la política económica que comprende el modelo de desarrollo y el proyecto de país.

Sin desdeñar la relación de México con el exterior.


El contexto internacional


Por último, el titular del Ejecutivo es el responsable de rendir cuentas por lo que se hace y deja de hacer, ya interna como en política exterior. Y en el terreno internacional, el presidente debe estar atento a las políticas no diplomáticas sino de agresión, injerencista e intervencionismo de los Estados Unidos. No rendir pleitesía, como los últimos presidentes mexicanos, es o debiera ser el reto para el que gane el 1° de julio.

Nada más por tratarse de la cúpula económico-política del poder imperial, hay puntos que no pueden dejar de señalarse:

1.- La política exterior de EU es agresiva. Deriva por lo menos de cuatro momentos clave: a) una concepción geopolítica y geoeconómica trasnacional en Jauja, consolidada durante la segunda posguerra fría (su economía ganó con la fabricación y venta de armas a los países aliados, primordialmente durante la Segunda Guerra, y también con la reconstrucción europea); b) del trastrocamiento causado por la crisis petrolera de 1973, gracias al férreo control de la extracción y exportación por parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP; c) ahora en decadencia con el arribo a la primera década del siglo XXI, manifiesta como una crisis inmobiliaria que devino en burbuja financiera en 2007 y estalló fatalmente como crisis profunda  en 2008, misma de la cual ni vísperas tiene de salir porque no ve la luz al final del túnel.

2.- A pesar de las revelaciones del portal Wikileaks que desnudaron por completo al estilo de ejercer la “diplomacia” en contra de todo el mundo, porque las embajadas operan como centro de espionaje, cuando no interviniendo abiertamente en acciones de clara competencia local. La historia latinoamericana redunda en ejemplos de tal intervencionismo.

3.- Los gobernantes mexicanos desdeñan también que de sus políticas de agresión, los EU desatan luego cruentas guerras por motivos de su “seguridad nacional”, como los energéticos petróleo y gas, según lo determinan los estrategas del Pentágono, la maquinaria militar/industrial de Eisenhower más grande del mundo.

4.- La reacción a los atentados del 11/S-2001, más que arremeter contra Osama bin Laden, otrora entrenado por la Agencia Central de Inteligencia para repeler la invasión soviética a Afganistán en 1979, fue el pretexto de EU para invadir ese mismo país en el año 2011, de interés por el control del cultivo de amapola; Irak en 2003, con todo y nunca se demostró la existencia de las “armas de destrucción masiva” en manos de Sadam Hussein, y Paquistán en 2008.

5) Téngase presente que en alianza con Israel, EU amenaza ahora a países como Irán y Siria, lo que puede desatar una guerra más amenazante para la región y el mundo.

Ante este mínimo panorama México carece de una visión geopolítica e institucional, no únicamente de las acciones imperiales de EU en el mundo, sino primordialmente en lo que atañe al propio país. Ni qué decir de un aparato de inteligencia que alerte sobre estas políticas ofensivas gringas. Los órganos locales existentes no funcionan. Sólo generan espionaje, pero contra los “enemigos internos”. Como si no supieran que la amenaza se está gestando desde afuera.

¿Alguien sabe qué intenciones hay atrás de los promotores de la violencia, con programas como la venta de armas a bandas del crimen organizado, a los carteles de las drogas en la frontera norte? Cuidado, porque no son almas de la caridad. Al menos tienen fines desestabilizadores en contra de México. Los energéticos están atrás. ¿Qué más? La ilegitimidad neoliberal le conviene a la elite político empresarial local, pero también al intervencionismo imperial de EU.

A México le urge enderezar el rumbo; esa es la más urgente demanda ciudadana. Para ello se requiere un presidente, sobre todo, legítimo. Estaremos viendo quién lo logra.


*Tomado del N° 1 de Reporte México, Revista de Reportajes. México, abril-mayo de 2012.

domingo, 16 de octubre de 2011

EUROPA, LA RESISTENCIA DE LOS INDIGNADOS

14/octubre/2011

Europa, la resistencia de los indignados
*Juventud se moviliza contra el capital vía la web
*Tras la crisis económica, crece la protesta social



A los manifestantes del 15 de octubre, por el derecho a la indignación con un grito de libertad.

Frente a la crisis económica actual que padece el viejo sistema capitalista, financiero, usurero y globalizador europeo[1] —comenzó a tronar por lo más débil: Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia, ¡por ahora!—, se carece de más opciones para salir avante que las ya tradicionales medidas restrictivas, abiertamente atentatorias de los niveles de bienestar de una sociedad, que no la debe pero sí la paga.

Es porque los gobiernos no le responden a la población como a los banqueros y a los especuladores por igual, cuando como en estos casos la población toma las calles en señal de protesta. Es porque los gobiernos desatan una serie de medidas para tonificar las finanzas, para rescatar a los bancos y por consiguiente, para sostener los niveles de paridad monetarios —en este caso el euro—, para soportar el peso del endeudamiento del Estado, etcétera, sostener los privilegios de unos pocos.

Medidas todas por las cuales los gobiernos tratan de resolver, a través de la contención o recorte de los presupuestos sociales, de los servicios que presta el Estado, el control de los salarios, o el desempleo generalizado, por la simple razón de que el Estado neoliberal hizo hasta lo imposible para desinflar o abandonar toda participación en la economía. Pero no la economía en general —como no sucedió nunca—, sino en cumplimento de los requerimientos del rescate de los usureros, de los bancos prototipos o modelo y de los gobiernos de otros países que avalan tales medidas taxativas.

Alemania y Francia, a conveniencia, han tomado la sartén por el mango. Pese a las restricciones legales desde los acuerdos de Maastricht para la Unión Europea (UE), ambos países están trabajando y participando del rescate de los demás países [¡dizque!]; no obstante más bien quieren el rescate de los amos de las finanzas. Antes Alemania habría adquirido “bonos de deuda” de algunos países como Grecia, de la mano de la propia UE, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Ahora, el papel de rescatar a los bancos de la casi inminente quiebra lo está asumiendo el propio BCE. El caso es que, por supuesto, esa no es la salida para la crisis europea. Lo hemos dicho en otras ocasiones: así como están en riesgo los eslabones débiles del sistema, también lo está el resto de la (des)UE. Por dos motivos: 1) porque la crisis es global y, 2) porque las acciones tradicionales de rescate al sistema financiero serán insuficientes y altamente costosas. El G-20 presume que resolverá la crisis de deuda europea en octubre.

Peor aún, que con las medidas restrictivas actuales no habrá solución, como empobrecimiento derivado de la debilidad de los estados. Y no sólo de los países en crisis señalados, sino del resto de Europa. Esto sin olvidar la consabida debilidad estatal que dejará a las economías entre el abandono y la penumbra. En otras palabras: en los tiempos de la Gran Depresión, en Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt tenía los recursos o los medios para impulsar la economía con el New Dale. Y lo logró.

Pero ahora ni el Estado de EU ni los estados europeos cuentan con los recursos para rescatar a todas las economías en crisis, porque se trata no de una crisis endémica sino sistémica. Así que, en cuanto continúe la depresión, en primer término se generalizará todavía más allá de las mismas bolsas, porque abarcará a todos los países capitalistas del orden global; en segundo, no habrá quién lance una tabla de salvación. ¿O acaso los gobiernos se someterán a las condiciones de, por ejemplo China como segunda economía mundial, que sería el único país con ciertos recursos para apoyar en este caos del capitalista mundial, sin suponer que lo hará? Con todo y que no haya un rescate sostenido por esa vía.

En el ínter, las acciones de los presidentes Angela Merkel y Nicolás Sarkozy, de asistir a los gobiernos de los países con problemas, resultarán en el corto plazo meros paliativos. Porque todo lo que se hace es en aras de rescatar los abultados déficits de los estados para luego apostarle a la preservación de los sistemas financieros.

Ese es el cuento de nunca acabar. Porque los sistemas financieros son los verdaderos causantes del desastre. Una crisis que, cuando se presente en toda su magnitud, y eso será de un momento a otro, habrá un crujido mayor al de 1929; sencillamente más profundo porque arrastrará a un gran número de países. Y luego salir del caos costará ¡sangre, sudor y lágrimas! ¡Pero por supuesto que no a los hombres que están al frente!

De ahí derivan las movilizaciones de la sociedad, principalmente jóvenes conectados vía las redes sociales en varios países de la vieja Europa. “Los ciudadanos no son mercancías en manos de políticos y banqueros”, es el grito de los españoles. Jóvenes que están reaccionando contra las artimañas de los gobiernos, tanto para proteger a los especuladores como para socializar los elevados costos. Y si el indicador de desempleo no se mueve a la baja, es porque los estados no operan para impulsar la economía en la creación de empleos. O, incluso, por la llamada financiarización[2] económica.

Y sin trabajo no hay ingresos, como sin recursos no hay consumo. Un círculo vicioso del capitalismo que deviene y es producto de la crisis. El asunto es que esta crisis es global. Una crisis en la que está no sólo la (des)UE sino Europa oriental y Asia; EU y sus satélites como México. Y alcanzará a Latinoamérica, más que menos.

Por supuesto que no habrá salidas reales en tanto las restricciones no se apliquen al mismísimo sistema financiero. Porque tanto banqueros, como todo tipo de especuladores de las bolsas del mundo, están atrás de los beneficios de la acumulación dineraria que manejan. Ahí están, en primera fila, los magnates o los llamados “barones del dinero”. Pero al parecer los gobiernos ni los estados —aún en los países desarrollados— tienen el poder como para contrarrestar suficientemente a los hombres ricos y meterlos en cintura. Salvo la sociedad.

Muchos no pagan impuestos, o son directores o gerentes de grandes monopolios que tienen controlado gran parte del mercado global y se allegan enormes cantidades de los recursos que la sociedad produce, aunque ellos pongan las condiciones. Porque en esta sociedad de consumo “el que tiene más saliva traga más pinole”. Serviles nada más, los gobiernos son incapaces de controlar a los hombres ricos del planeta, y obligarlos a asumir los costos y consecuencias de sus acciones. El Estado, a su servicio también.

Por eso la sociedad sale a las calles. Por ello las acciones de protesta. Porque se le carga todo el peso a la sociedad desde el abandono del Estado con sus medidas restrictivas. Por lo mismo prende la indignación en Europa. Son los jóvenes de algunos países quienes se manifiestan en contra de la globalización que amenaza con despedazarlos económica, social, política y moralmente. Del mismo modo que sucede en EU con el movimiento Ocupa Wall Street, o en Chile con las protestas contra la educación neoliberal.

Por eso se han organizado para impedirlo. Son las movilizaciones en países como España, Francia, Holanda, Italia, Alemania, Portugal, Austria y Londres. Los jóvenes que rechazan los privilegios de los poderosos que generan lo demás; saben que ellos son los causantes del desastre actual. Tan sólo la “larga marcha” —no hay símil alguno con la de Mao en los tiempos de la “Revolución Cultural”— de los indignados que partió de la Puerta del Sol en Madrid, ombligo del 15-M —el 27 de julio— recorriendo mil 700 kilómetros hasta Bruselas como la capital de la UE, demandaron entre otras cosas: “No más privilegios a banqueros”.

Cero privilegios para las grandes fortunas, que evaden impuestos, control al fraude fiscal y a la fuga de capitales hacia los paraísos fiscales. No privilegios a políticos, sus elevados ingresos y al no pago de impuestos, entre otras acciones para que el Estado tenga los fondos suficientes para sueldos más dignos y mejoras en la calidad de vida de la población, etcétera. Porque “los políticos deben entender que su labor debe ser en bien de la sociedad, y no de los mercados” (Reportaje de Proceso N° 1823).

Lo interesante es que todo este rol de la juventud que se indigna frente a las condicionantes del mercado —la crisis del sistema financiero global, con impacto en Europa—, no sería posible en la rapidez con que surge sin el internet, sin las redes sociales, sin facebook y el twitter. El sistema del capital financiero y los estados que los sostienen, no podrán desdeñar la movilización social o utilizar la violencia[3].

La crisis que toca a las puertas de la UE, hoy más bien (des)UE, es ya como el “fantasma” cadavérico del capitalismo. Los jóvenes que se indignan cumplen su rol. Aunque el cambio no esté a la vuelta de la esquina. El caso es que los actores se mueven gracias a la red. Y también se alimentan con posturas como la del fenómeno editorial europeo del panfleto ¡Indígnate!, del veterano Stéphane Hessel. Cual suerte de “Manifiesto comunista” de Marx; que no lo es porque no hay parangón. ¡Indígnate! no llama al cambio socialista, pero sí es una bandera para la “resistencia”.

Correo: maniobrasdelpoder@gmail.com
http://maniobrasdelpoder.blogspot.com




[1] Por supuesto que la crisis comenzó en el sistema financiero de Estados Unidos, pero afectó al resto del mundo. Por ahora nos interesa destacar la siguiente faceta de la crisis europea.
[2] O el control y sujeción  de todas las variables económicas de un país por una sola: el sistema financiero que se sobre pone.
[3] Ver, por ejemplo, en http://bit.ly/mWzI5Y, el desalojo violento del “campamento indignado” de Plaza Cataluña, España.

miércoles, 12 de octubre de 2011

El NorthCom y la afganización de México

*La persecución de los intereses de EU, tras la guerra sucia
*Apoyar a narcos con Rápido y furioso, para desestabilizar
*Militarización, apropiación energética y peligro de invasión

El NorthCom lleva a cabo la defensa nacional, el apoyo civil y la cooperación de seguridad para defender y asegurar los Estados Unidos y sus intereses.

El área de operaciones incluye a Estados Unidos, Canadá, México, partes del Caribe y las aguas contiguas en los océanos Atlántico y pacífico. El comandante es responsable de la defensa de la tierra, espacio aéreo y el mar de los Estados Unidos.
Área de comando de responsabilidad abarca los Estados Unidos continentales, Alaska, Canadá, México y de seguridad de otras naciones en su área de responsabilidad.
Documentos oficiales del NorthCom.


¡“Es la extrema derecha, estúpido!”. Porque así opera. Principalmente la de Estados Unidos (EU), el país promotor del interés —el librecambismo decimonónico llevado al extremo con perversa actualidad— como modus operandi del capital financiero-especulativo, e imperialista de una globalización ahora en crisis.

La guerra, como su principal herramienta para obtener riquezas. La invasión a Kuwait el 2 de agosto de 1990 sentó precedentes. Ya por el sometimiento de gobiernos enteros, o en forma de inversiones y préstamos condicionados [el “Consenso de Washington” y los Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional como bucaneros de la colonización neoliberal], pero sobre todo apoderándose mediante invasiones armadas de los estratégicos recursos naturales ajenos. Es la derecha extrema, primordialmente de EU, la que creó costumbre durante toda la segunda posguerra amenazando al resto del mundo con su maquinaria militar-industrial.

Especialmente, arreció, porque los estadounidenses modernizaron sus preceptos de “seguridad nacional”, tras el ardid de los autoatentados [los avionazos no soportan el análisis serio; véase el comentario al respecto en http://maniobrasdelpoder.blogspot.com, “El 11/S, guerra con mentiras”, el informe de “Arquitectos e Ingenieros por la Verdad del 11/S”, sobre la gran estafa imperial de los halcones de Washington] terroríficos a las Torres Gemelas de Nueva York, con el Pentágono como principal actor y Al Qaeda como ¿el enemigo real?, ¿cómplice o chivo expiatorio? [no se olvide que Osama bin Laden fue un aliado de la Agencia Central de Inteligencia, la CIA], que cambiaron los parámetros de la guerra. Porque conviene a los intereses geoestratégicos como imperio en decadencia.

Desde el post11/S, EU le puede declarar la guerra a cualquier país que a su consideración represente una amenaza para su seguridad nacional, como lo hizo contra Irak y Afganistán; sin comprobar nunca las “armas de destrucción masiva” del primero —el pretexto bushiano—, y tampoco el “apoyo militar” a los terroristas musulmanes del segundo, un plantío de amapola desde la invasión. El terrorismo como herramienta y pretexto para invadir países con importantes reservas energéticas. “Los atentados del 11 de septiembre de 2001. (Con) estos ataques se dio un impulso a la formación del Comando Norte de EEUU”, que data de octubre 2002.


México, en la picota

De ahí que el vecino del sur, México, esté en peligro. El país no está lejos de ninguna consideración imperial guerrera —para ello trabaja el sistema de espionaje de EU desde la diplomacia, soterrada o cínicamente—, sobre todo desde el año 2006 a la fecha cuando la presidencia de Felipe Calderón Hinojosa creó los escenarios más propicios para ello, con su guerra sucia y su ilegitimidad electoral.

Fue en ese contexto, porque sucedió “después del fraude electoral de julio de 2006, cuando en plena transición y bajo la batuta del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, Mouriño, Sarukhán y Cordero asistieron en el hotel Fairmnot Banff Springs, de Alberta, Canadá, a un cónclave secreto con ministros, altos ejecutivos —entre ellos los de la petrolera Chevron, Bechtel y Lockheed Martin, la mayor contratista de armas del mundo— y militares de cinco estrellas, incluido el almirante Tim Keating, jefe del Comando Norte”. [“Cordero, la ASPAN”, Carlos Fazio en La Jornada, 19 de septiembre de 2012] El ardid se oficializó en secreto, ¿por qué?

En dicha reunión se abordaron los temas de “la interrelación de los sistemas de defensa, militarización, seguridad nacional, fronteras, migración, producción de equipo militar y control sobre los recursos energéticos de Norteamérica”. [Ibíd.] Pero la ofensiva continuó en varios frentes: declaraciones oficiosas de pregoneros de diversas dependencias del gobierno de EU, ni se diga de los diplomáticos injerencistas —la herencia de Carlos Pascual desnudado por Wikileaks, a manos de Anthony Wayne—, hasta la vocería militarista.

Problema es que así como marcha el combate al narcotráfico, el país no sólo está perdiendo con la fallida estrategia sino que es conducido hacia la balcanización [la agencia de investigación de origen texano-israelí, Stratfor, se ha pronunciado desde hace un año por la balcanización en caso de que México se desvíe de la ruta marcada por el NorthCom o Comando Norte (ver infra)] o, dicho con una perversa actualidad, rumbo a una afganización [y no “colombianización” porque en Colombia el gobierno tiene resultados a favor, sin triunfalismos] que incluye ¡peligrosamente! la desarticulación funcional del Estado mexicano, y cualquier cosa que quede como reducto de “nacionalismo” posrevolucionario, lo cual incluye a las Fuerzas Armadas (FAM). Una ofensiva tanto hacia adentro como desde el exterior.

La afganización comprende, en palabras del asesor de la ONU, Edgardo Buscaglia, los casi mil “bolsones territoriales” que en el país están controlados por la delincuencia organizada. Siguiendo la tipificación para Ciudad Juárez del exzar antidrogas, Barry McCaffrey, de diciembre de 2009 —conforme a Reporte Índigo del 9 de enero de 2010, “México camina hacia la afganización”—, cuando afirmó que la situación “es similar a la de Afganistán”. Y en su estudio sobre aquél país refirió: “Las violaciones de los derechos humanos son endémicas: matanzas extrajudiciales, impunidad oficial, restricciones contra libertad de prensa y religión, y abuso infantil severo y extendido”. Cualquier semejanza es mera coincidencia.

Lo que dijo al respecto fue en su calidad de profesor adjunto de Asuntos Internacionales del Departamento de Ciencias Sociales de la Academia Militar de Estados Unidos en West Point, Nueva York. Que en palabras de Buscaglia se traduce en que McCaffrey, “manifiesta la posición del Pentágono y del Departamento de Defensa norteamericano, que tiene una visión mucho más amplia, más global, de la delincuencia organizada. No tiene esa visión acotada de la DEA”. [Reporte… cit.].

El Senado de México debe exigir explicaciones tanto al gobierno de Calderón como a los propios gringos. También el presidente Calderón a los mexicanos. Porque todo indica que la situación de violencia es tanto desatendida porque la fallida estrategia no se mueve un ápice, como atizada desde el exterior en todo momento en que se apoya a los carteles de las drogas con sofisticado armamento. Con fines claramente desestabilizadores, así sea en estados fronterizos de México.

Desde luego que ayudan tanto el sometimiento de los gobernantes mexicanos hacia EU como las pésimas políticas internas; súmese la descomposición del sistema político mexicano por lastres del pasado versus corrupción e impunidad, que le corroen las entrañas a cualquier proyecto sexenal falto de una perspectiva nacional [¿alguien dice que el Estado-nación ya desapareció?]. Ambas circunstancias, internas y externas, tienen al país hecho un desastre. Sin olvidar que el Estado mexicano ha desatendido la mayoría de sus funciones para con la economía y la sociedad, porque presenta saldos retrógrados.

El contexto explica el desastre de México, a contentillo tanto de los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) —con una política exterior otrora ejemplar, luego tirada por la borda gracias al presidente Carlos Salinas de Gortari, el modernizador y vendepatrias cual resultó en los hechos—, como ahora del Partido Acción Nacional (PAN) que (des)gobierna México a partir del año 2000. Porque ambos partidos han aplicado, permitido o tolerado, una política de sometimiento paulatino y vil a los intereses geopolíticos de EU, desde la década de los 80 del siglo XX. La evaluación negativa del neoliberalismo, de por medio.


Legalizar la intervención

Luego entonces, tras la firma de acuerdos como el TLCAN o NAFTA, que entró en vigor en enero de 1994, fecha del levantamiento chiapaneco zapatista, luego el ASPAN o TLCAN-plus, se suscribió en marzo de 2005 en Waco Texas, por George Bush y el entreguista de Vicente Fox Quesada, con la finalidad dizque de “aumentar la seguridad y realzar la prosperidad”. Sí, pero la seguridad imperial.

Sobre todo con el Plan Mérida, para México y Centroamérica de junio de 2008, donde se abrieron las puertas al intervencionismo y actuación de instancias gringas: el Departamento de Estado, el Departamento de Justicia, el Consejo Nacional de Seguridad, el Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Buró Federal de Investigación (FBI) y la agencia antidrogas (DEA). En el sentido militar se firmó la cereza del pastel: el NorthCom, donde se habrían amarrado convenios secretos en el terreno militar. Y México no quería ser exhibido. El vicencanciller de Tlatelolco, Enrique Berruga, por ejemplo, pidió al gobierno de George Bush, “que manejara con cuidado” el lanzamiento del NorthCom. Por la ¡sensibilidad nacionalista! mexicana, claro está.

Se trata de una prolongación de la Doctrina Monroe de 1823, pero en estos tiempos de globalización caduca para sostener a costa de otros la hegemonía de EU. Donad Rumsfeld dijo, según la prensa canadiense, que el NorthCom para toda América del Norte como su comando geográfico, “es la mayor transformación del Plan de Comando [UCP] desde su creación en 1947”.

Por eso, “la proyección espacial del NorthCom, que abarca Canadá, México, posiciones del Caribe (Cuba incluida) y aguas contiguas en los océanos Pacífico y Atlántico (en particular el Golfo de México), tiene que ver con la geografía, la política, la economía capitalista y lo militar como complemento bélico de la integración vertical de América del Norte; como zona segura de abasto de petróleo, gas natural, agua, uranio y biodiversidad para la economía estadounidense, contenida en el documento ‘(Los) Nuevos Horizontes’, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, con sede en Washington, difundido una semana después de los atentados del 11 de septiembre de 2011”. [Fazio, “Cordero, la ASPAN, cit.].

Un NorthCom que surgió tras los autoatentados terroristas del 11/S, es el “responsable” de la defensa interna de Estados Unidos, ante nuevas amenazas como “el terrorismo, el narcotráfico, el tráfico ilegal de personas (¡la inmigración!)”, entre otras y donde México es considerado también “zona protegida”. Fue en el marco de NorthCom que se ha permitido la intromisión directa en territorio mexicano de las agencias CIA, DEA, FBI, etcétera; a más de la “colaboración” del Pentágono en el campo de la capacitación de integrantes de las Fuerzas Armadas mexicanas y policiales estatales y federales del país, para romper el nexo nacionalista de raíz.

Luego entonces, en la forma, los gobiernos de México se han sometido mediante dichos acuerdos económicos, políticos y militares sobre todo a EU (un tanto menos a Canadá), desde Carlos Salinas dixit hasta Felipe Calderón en su fase más crítica de intervencionismo abierto y claramente peligroso atentatorio de la seguridad nacional mexicana. Es decir, mediante acuerdos que revelan políticas más bien agresivas que surgen de la derecha gringa, pero adoptados con sumisión por la derecha mexicana, ya desde los tiempos del presidente Miguel de la Madrid.

México no protestó como sí lo hizo Canadá. “El mundo está en la encrucijada de la crisis más grave de la historia moderna. Los EEUU han puesto en marcha una aventura militar que amenaza el futuro de la humanidad. Se ha formulado los contornos de un proyecto imperial de dominación mundial. Canadá es contiguo al ‘centro imperial’. Control territorial de Canadá es parte de la agenda de los EEUU geopolíticas y militares”. [Ver: “El despliegue de tropas de EEUU dentro de Canadá”, en el sitio web: http://metaexistence.org/uscanada.htm].

Incluso el Toronto Star no publicó lo siguiente: “Negociando discretamente [desde abril de 2002] un acuerdo de largo alcance de cooperación militar, que permite a los militares de los EEUU para cruzar la frontera y el despliegue de tropas en cualquier lugar de Canadá, nuestras provincias, como buques de guerra de la estación y Estados Unidos en aguas territoriales canadienses. Este diseño de Canadá sistema de defensa está siendo discutido a puertas cerradas, no en Canadá, pero en la base de la Fuerza Aérea Peterson en Colorado, en la sede del Comando Norte de EEUU (NORTHCOM)” [sitio cit.].

Continúa la reflexión de Meta Existence Organization: “La creación de NORTHCOM anunció en abril de 2002, constituye una violación flagrante de la soberanía territorial de Canadá y México. El secretario de Defensa Donald Rumsfeld anunció unilateralmente que EEUU Comando Norte tendría jurisdicción sobre toda la región de América del Norte. Canadá y México se presentaron con un hecho consumado ‘accompli’ jurisdicción de los EEUU de Comando Norte de los descritos por el Departamento de Defensa de EEUU, incluye, además de los EEUU continentales, todos de EEUU, México, así como partes del Caribe, las aguas contiguas en los océanos Atlántico y Pacífico a 500 millas de la mexicana, las costas de EEUU y Canadá, así como el Ártico canadiense”. [Ib.].


Militarización versus descomposición

Sólo desde este contexto se explican las diversas circunstancias que están generando la creciente descomposición en México, por la vía de una guerra fallida. Aceleradamente desde el año 2006 a la fecha en que arribó al poder Felipe Calderón. Es ahora cuando crece el consenso también de que se está consolidando muy rápidamente —la guerra sucia como instrumento— una militarización incluso con tintes contrainsurgentes con afrentas a la población, útil además para un Estado que desatiende su responsabilidad social. Doble o triple golpe a los mexicanos.

En otras palabras, que la militarización de México de los últimos años es un fenómeno ligado a los intereses geopolíticos del imperio estadounidense, acelerado por una guerra donde uno de los frentes [los diferentes carteles de las drogas que tienen una disputa entre sí y contra el Estado mexicano por el control territorial] es alimentado desde afuera con apoyo armamentista [en la vieja tesis de “divide y vencerás” con programas como Fast and furious (Rápido y furioso) y Wide reconver (Receptor abierto)], para contribuir a minar tanto la presencia como la fuerza del Estado y conducirlo a la descomposición.

Ambos operativos Rápido y furioso y Receptor abierto —este último según revelaciones recientes de Los Angeles Times— que dejaron “correr” o “caminar” armas a manos de los carteles mexicanos —el primero entre 2009 y 2010, el segundo orquestado antes, entre 2006 y 2007—, y fueron llevados a cabo desde la ATF la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, oficina de seguridad que responde al Departamento de Justicia de EU. Acciones, ambas, de clara intención desestabilizadora del Estado mexicano, como bien lo reconoció recién el Senado de México, pero sin hacer algo más allá y exponiendo a todos los riesgos al país.

Por cierto que, dentro de dicho plan imperial perverso, las FAM —una de las pocas instituciones rescatables del país— están siendo sometidas a un paulatino desgaste desde 2006, porque son utilizadas para un trabajo ajeno —y por demás sucio— que más bien le compete a las policías federales, conforme el mandato constitucional de ser aquéllas las encargadas de resguardar la seguridad nacional del país.

Empero, el simple uso de las FAM en el combate al narcotráfico y la reiterada negativa del gobierno de Calderón a recular en la fallida estrategia [sin otras acciones aleatorias o complementarias, como pegarle al corazón de las finanzas del crimen organizado, combatir el lavado de dinero y juzgar a los cómplices, funcionarios del gobierno coludidos], por no meter a los soldados al cuartel hacen de las suyas o cometen errores que luego devienen violaciones a los derechos humanos, que no son ciertamente pocas.

El problema es que los “daños colaterales” le salen muy costosos, en vidas, a la sociedad que es quien padece las temibles consecuencias. Ni qué decir por los ya casi 60 mil muertos, entre cómplices y víctimas. Pero hay más de mil niños y niñas caídos en esta guerra. Y el impacto social en general es incalculable, como la desarticulación de grandes núcleos familiares y los trastornos sicológicos que se generan. Verbigracia. Según datos recientes, en sólo tres años —de 2007 a 2010— la violencia ha sacado de sus hogares ¡a 230 mil personas! Son los desplazados por la guerra: en varios estados del país, sobre todo del norte como Tamaulipas, Sinaloa, Durango, Chihuahua, Zacatecas, Nuevo León y otros antes pacíficos como Colima y Nayarit.

Recrudecida la violencia, los métodos de desaparición de personas que luego encuentran en fosas clandestinas por decenas en varios estados del país, son apenas un aspecto de la limpieza de contrarios entre los carteles en disputa territorial. Pero el problema va más allá: la aparición del grupo paramilitar Los Matazetas, abrió un debate que apunta a que la presencia de este tipo de corporaciones en México —a semejanza de los escuadrones de la muerte de algunos países centroamericanos que actuaron en el pasado— tienen fines de “limpieza social” o de contrainsurgencia.

Operan, según Buscaglia, al menos unos 167 de esos grupos, “financiados por empresarios empeñados en proteger ‘vida y propiedad’, garantías que ya no puede otorgar el Estado mexicano, y en otros casos son pagados por los propios gobernantes, quienes ante la incapacidad de otorgar seguridad a la gente, pagan a estos grupos armados para limpiar territorios y salvar los mercados de las drogas…”. [Proceso, N° 1822, 2/octubre/2011].

En el fondo se trata, pues, de los intereses geoestratégicos de los EU en la llamada América del Norte. A costa de lo que sea. No importa que sean vidas de mexicanos, como sucedió con los iraquíes o los afganos —por citar los últimos lastres de violencia imperial contra “los enemigos”— cuando llegó el Pentágono con sus aliados. El saldo final de la dichosa guerra de Felipe Calderón todavía está por verse. Entre tanto el país está al borde del colapso. Son las fuerzas que mueven las derechas, republicana y panista, en EU, México, y Canadá también. Al fin que las reservas energéticas del país están a tiro de piedra para el imperio gringo.

Y el tiro de piedra puede convertirse en otra cosa. México tiene la espada de Damocles encima. El peligro de una invasión militar del Pentágono pulula en el ambiente de las relaciones entre ambos países. Recuérdese que los planeadores de la guerra de Afganistán están deseosos de llegar, porque “los militares intentan aplicar en México lo mismo que hicieron en Afganistán”, según revelaciones de un oficial estadounidense a The New York Times. Lo aprendido contra los terroristas de Al Qaeda lo quieren traer a México para combatir a los carteles de las drogas. [Ver: “¡A México!, guerra antiterrorista”, en http://bit.ly/nqwXzV]. Seguro que, al menos los mexicanos rechazan eso, tanto como el entreguismo de sus gobernantes.

Luego entonces, no se olvide que el NorthCom es el proyecto geoestratégico del post11/S terrorista, militarista imperial de EU. Tampoco que el NorthCom va incluso más allá del sector energético. Es la “seguridad nacional” gringa lo único que le interesa a la extrema derecha de EU. El coletazo de una fiera herida, que hoy padece una crisis estructural demasiado profunda.

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lunes, 3 de octubre de 2011

México, el doble compromiso

03/octubre/2011

México, el doble compromiso

*Descomposición de un sistema político vetusto
*EU, amenaza latente de sus políticas imperiales
*El mundo también plantea sus propias exigencias


Dadas las circunstancias actuales, México enfrenta dos peligros crecientes derivados tanto de sus condicionantes internas como de sus relaciones con el exterior, y que exigen una revisión de fondo.

1.—El del modelo económico anquilosado que ha conducido al país al desastre, dada la aplicabilidad de las políticas neoliberales desde los años 80 por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) hasta la fecha, y ahora por los gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN).

2.-- La del imperio estadounidense que ha estado instrumentando una serie de operativos —por todos los medios posibles— tendientes a imponer por la fuerza sus políticas geoestratégicas a su vecino del sur.

La amenaza derivada de las condicionantes desde adentro está generando en México una inestabilidad política y una incertidumbre como nación de tal magnitud, que ponen en riesgo la viabilidad dada la algidez de los problemas brota cada vez más amenazante, sin aparente y suficiente remedio desde la acción gubernamental.

Y es que, por un lado está la inviabilidad mostrada desde las mismas políticas públicas operadas por el Estado, que tienen como soporte el absurdo de los preceptos de un liberalismo ortodoxo en desuso; de la mano de un presidencialismo que está mostrando una incapacidad en cuanto a la conducción del país que deriva, o bien en situaciones de ingobernabilidad o peor aún en el surgimiento de fenómenos alternos que, tratando de llenar los huecos dejados por aquél, rompen con el hilo conductor de una Política como nación.

No está demás mencionar los antiguos lastres que paralizan al propio sistema económico/político/social mexicano, y tienen que ver con la profundización de fenómenos como la corrupción, la impunidad y la violación de los derechos humanos fundamentales de los mexicanos; además de la incapacidad sistémica de renovación en sentido democrático y, sobre todo, de incidir en cambios trascendentales que solucionen también de raíz los problemas que atizan la descomposición.

En ese contexto se insertan también los temas políticos relativos a la continuidad del sistema político —porque lejos está de la muy sonada, en tiempos electorales, transición democrática—, y el cambio de estafeta en el poder presidencial que ocurrirá en el 2012, ya sea a favor de un partido político o de otro, del PRI o el PAN. No obstante ambos partidos han orquestado lineamientos similares, tanto en las políticas internas como frente al exterior.

La presión desde afuera dirigida por el gobierno de los Estados Unidos y sus intereses geoeconómicos están apuntando recién  en contra de México, y se están convirtiendo en una latente amenaza de seguridad nacional. Eso incluye la posibilidad de una ¡invasión armada! Soterrada, pero continuamente preparada tanto en términos políticos como diplomáticos. Todo bajo el precepto gringo de que los acontecimientos internos de México representan una amenaza para su seguridad nacional imperial.

Ni se diga que la declarada guerra contra el crimen organizado, especialmente dirigido a las bandas del narcotráfico y la violencia derivada desde entonces, se asume como un pretexto por EU para operar militarmente en contra de México (el perverso plan Rápido y furioso no tiene otro interés). Y lo más grave de todo es que internamente no hay reacciones a tamañas políticas imperiales, a pesar de tantas evidencias que apuntan en ese sentido, ni desde el gobierno ni a partir del poder legislativo mexicano.

Aquí, en Maniobras del poder hemos insistido en esa posibilidad, cada vez que EU trata de justificar sus amenazantes políticas. Los acontecimientos internacionales, fuera de la relación EU/México, tienen también una relevancia que igual demandan una atención puntual, e igualmente serán abordados.

Por ello, porque ambos puntos señalados supra son prioritarios y exigen asumir el reto con una mayor responsabilidad analítica, es que a partir de ahora esta columna dejará —temporalmente y en cuanto las circunstancias no exijan otra cosa— el modo de columna/diario con temas de coyuntura tratados siempre bajo el mismo formato, para asumir el compromiso del análisis ensayístico. Porque las condiciones lo requieren y porque es urgente hurgar también en el renglón de la propuesta para enderezar el rumbo como país.

Nota Bene. Quiero agradecer a todos aquellos lectores y medios impresos, que hasta ahora habían recibido el material bajo el formato de columna cinco días a la semana, y pedir su comprensión porque a partir de hoy publicaré tres días o en cuanto el material esté preparado en forma de un pequeño ensayo, bajo una extensión que todavía no tengo precisa. Para mis amigos de las WEB supongo que no habrá problema, porque en estos medios los espacios no tienen mayores límites que los propios del autor. Mucho agradezco a todos por su preferencia y compresión.

Atentamente